Pensar en contexto

Por: Osmany Sánchez Roque

Quien teorizó sobre la democracia a mediados del siglo XX –o antes- no pudo imaginar que un día la prensa hegemónica se convertiría en verdaderos partidos políticos o que presidentes elegidos democráticamente y por amplias mayorías pudieran ser destituidos mediante golpes de estados parlamentarios por aquellos que no pudieron vencer en las urnas.

Aplicar a rajatabla lo que dijo alguien hace cincuenta o cien años en las condiciones actuales es sumamente arriesgado.

No propongo renunciar a los clásicos, debemos beber siempre de su savia, pero la realidad es mucho más compleja. Cuba vive hoy momentos definitorios. La generación histórica está a punto de salir de la escena pública y una nueva será la encargada de llevar adelante el proyecto que estamos construyendo.

Veo muchas propuestas sobre cómo debe ser el futuro de Cuba, pero a mi juicio están diseñados mayormente desde la academia, citando a los clásicos, pero sin tener en cuenta la complejidad de estos tiempos y de Cuba en particular.

Ciertamente se necesitan reformas constitucionales, pero en nuestros propios términos y para garantizar el futuro de nuestro proyecto social, no para cumplir los requisitos que imponen otros. Necesitamos más participación, pero no se soluciona con fórmulas cuantitativas respecto al número de partidos ni haciendo concesiones a fuerzas externas que nunca tendrán suficiente, sino con la creación de nuevos mecanismos internos. Sin temor a cambiar lo que deba ser cambiado.

Cuando se habla del futuro de Cuba, puede hacerse con lenguaje académico o no, pero las propuestas siempre deben ser claras cuando se hacen en momentos de definiciones. Sin olvidar que las acciones y palabras del pasado son una guía pero no una receta para un presente mucho más complejo.

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