Bienvenida la polémica

Respuesta a Miguel Alejandro Hayes

Por: Alina B. López Hernández

No es común participar en un debate público en Cuba, pero los blogs y publicaciones que proliferan en la red de redes nos hacen rescatar esas costumbres, por ello agradezco la oportunidad a Miguel Alejandro. Mariátegui decía que el valor de una idea estaba casi íntegramente en el debate que suscitara. Jorge Mañach consideraba la polémica como un deber cívico. A ellos me atengo.

Las discusiones sobre el tema del personalismo político fueron una constante del pensamiento republicano. Esto se exacerbó ante las maniobras de Gerardo Machado para la prórroga de poderes desde 1927. En ese escenario apareció Biología de la Democracia (Ensayo de Sociología Americana), del joven minorista Alberto Lamar, texto que suscitará una álgida controversia. Emilio Roig de Leuchsenrig, redactor literario de la revista Social, no le negó espacio a un fragmento del controvertido libro. Sin embargo, publica una nota, firmada por otros minoristas, en la que acusan al autor de poner su pluma al servicio del gobierno e intentar dotarlo de una teoría que justificara sus características dictatoriales. Después le envía sus padrinos para un duelo que no llegaría a efectuarse.

La tesis de Lamar pretendía demostrar que la democracia no era practicable en América Latina, en contraposición a la civilizada Europa y a los EE.UU. Propone entonces gobiernos fuertes para la región, pues “el caudillismo, vicio social y carácter psicobiológico, persistirá siempre”. (p. 91) El derecho al sufragio no tenía que perderse, solo que se sustituía el “derecho al voto” por “el deber de votar por el caudillo”. (p. 129)

Yo descubro consternada puntos coincidentes entre sus ideas y las de Miguel Alejandro, Ahora es el segundo quien dice:

“Igual considero pasó con América Latina en otra época: esos pueblos, ya fuera de las garras del imperio español, no estaban maduros como individuos para construir las sociedades soñadas”

[Años de coloniaje y penetraciones foráneas] “han sumido a América Latina en un atraso que la sitúa en desventaja respecto al civilizado continente europeo”.

“La construcción social no puede esperar a que todos los ciudadanos tengan la suficiente preparación para ejercer ese modelo sin un hombre como centro. Como pueblos resultantes de dominaciones extranjeras, debemos pagar por ahora ese precio con nuestro subdesarrollo.”

Solo me tranquiliza que la costumbre de batirse en duelo ha quedado en el olvido. No imagino qué pasaría si Emilito leyera LJC.

Otra cuestión, no desdeñes el tema de los grupos de poder, que “degeneran en casta” según el Apóstol. El estalinismo al que te refieres es el mejor ejemplo de ello: el líder muere en 1953, y tras un breve período de deshielo y una tímida denuncia de los crímenes cometidos -que trascenderán en toda su crudeza mucho después-, se mantiene el modelo, pues la burocracia partidista no sabía, y no quería, gobernar sin sus privilegios. Y el modelo se expandió a todo el campo socialista, a veces por la coacción y la imposición violentas: Polonia y Hungría en 1956 y Checoeslovaquia en 1968.

Y sí Alejandro, respondiendo a tu pregunta, esa sociedad pudo y debió hacer más de lo que hizo

Recuerda también que la “mano dura” de Stalin que destacas como un factor importante en la dirección de la guerra y en la victoria contra el fascismo, también había sido responsable de las derrotas iniciales: había fusilado al 75 % del estado mayor, lo que incluía a los oficiales soviéticos más experimentados; desoyó los avisos de Richard Sorge y otros agentes que informaron sobre la fecha exacta de la invasión hitleriana; y él mismo se prestó, entre 1939 y 1940, a invadir territorios vecinos como parte del Tratado Ribentrop-Molotov.

Respecto a tu juicio de que “Pudiéramos pensar que ellos [los líderes] se han impuesto, pero en realidad la sociedad los ha aceptado, porque es a donde la llevan sus capacidades y necesidades: ellos han sido un resultado que ha venido a resolver las adversidades que se enfrentan”; mi opinión es diferente. Se puede llegar a un punto en el que ya no sea posible discernir qué se necesita más, si el pueblo al líder o este a la situación de adversidad  y peligro que justifica su permanencia en el poder.

Se postergan a veces transformaciones cruciales justificando la demora con peligros o amenazas. Martí no lo admitía, pues: “Ni la política ha de ser arte de escarceos, retazos y tráficos, ni es digno de la confianza de su país el que mira más a parecer bien a sus adversarios, -por su seguridad y gloria de hombre hábil,- que a intentar y realizar todas las mejoras que crea beneficiosas a su pueblo”. Llegados aquí podría ocurrir que, de ser un resultado de la adversidad, un líder llegara a convertirse  en causa de ella.

Me dices que “Todos nuestros flujos de izquierda progresista han tenido esas características”. Y ¿cuál ha sido el resultado Miguel Alejandro?

Confieso que no pude evitar una sonrisa al leer: “Por eso espero que esos líderes generen el proceso que poco a poco reproduzca una sociedad que difunda las buenas prácticas, no por la voluntad de sus líderes, sino por su propio funcionamiento”. Envidio tu confianza, pero jamás he visto que los líderes de larga data generen un proceso verdadero y desinteresado de cambios y buenas prácticas que pongan en peligro su estatus.

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