Salmo al salario

Por: Mario Valdés Navia

Esos seres especiales que son los poetas debían dedicarle más tiempo a los problemas de la economía y la sociedad cubanas y estoy seguro que las cosas irían mucho mejor. Sus armas para lanzarnos a la cara las contradicciones de nuestro modelo son más poderosas que las críticas crecientes a las estadísticas aisladas, los procesos de discusión sin discusión y los mensajes optimistas de periodistas y dirigentes del tipo “hacer más con menos”, o “si tenemos materia prima hacemos el 100% y si no tenemos el 50%” y otros por el estilo que, de cumplirse, seguramente traerían un Nobel de economía para Cuba.

En esta ocasión me enorgullece poder presentarles un poema inédito de uno de los poetas cubanos contemporáneos más importantes, Roberto Manzano, quien nos ha autorizado a publicar este, perteneciente a su cuaderno poético Salterio íntimo, escrito en el 2016  y aún inédito. Aunque el nombre real de la composición es “Salmo 6” prefiero denominarlo “Salmo al salario” pues revela, con toda fuerza, la contradicción que ha significado el salario para el trabajador cubano y su familia durante las últimas décadas y, peor aún, el drama callado y estoico de la vejez a expensas de la jubilación.

Los dejo con Manzano y su extraordinario “Salmo 6”:

Las moneditas que me entregó el César,

mes tras mes, a lo largo de mi vida,

sólo sirvieron para ir al trabajo cada mes:

cómo pude criar a mis hijos no se sabe,

no se sabe bien de dónde erigí las puertas:

por entre los entresijos del poder,

a través de los muros y las grietas del poder,

tu mano, Padre mío, me sostuvo

como a los pájaros, como a los pájaros

sostuvo a mis hijos, y así mismo como

los pájaros edifiqué la brevedad del nido:

tu mano no se llama salario, Padre mío,

milagro se llama, y en mi vida

cada mes llegaba de tu mano el milagro:

el salario es una disminución repetida

y el milagro es un pronto que crece,

de salarios se fue tejiendo nuestro infortunio

y de milagros acompasando el gozo de vivir,

y en cada salario mi vida renovaba su esclavitud

y en cada milagro estallaba mi libertad:

ahora, en la vejez, Padre mío, el salario

se me volvió una gota simbólica, y el milagro

me sostiene contra el viento de la muerte!