La pregunta debiera ser otra

(Nota de los Editores: Este artículo es parte de una serie de textos a raíz del artículo ¿Dónde están los textos del Che? La Joven Cuba promueve debates de este tipo, donde diversos autores puedan abordar un mismo tema desde distintas posiciones. Si usted tiene alguna opinión distinta sobre alguno de los textos aquí publicados, puede enviarla para su publicación a jovencuba@gmail.com) 

Por: Disamis Arcia Muñoz

Concuerdo con Mario cuando llama la atención sobre la necesidad, urgente en los momentos actuales de la sociedad cubana, de asumir el pensamiento producido por el Che en torno a la transición socialista desde  las circunstancias de la Cuba de los años sesenta. Asumirlo para polemizar con él, para definir e identificar esos viejos problemas que se mantienen, enriquecer sus propuestas y soluciones, caminar unos pasos más hacia adelante en la búsqueda de esa sociedad diferente y superior al capitalismo que ha de mantener el hombre y la mujer como centro y sujeto activo de todo el proceso de transformación. Pero manteniendo el mismo horizonte del socialismo.

Más que denostar al Che-leyenda, Che-símbolo, creo que a ese mito construido desde el discurso político sobre el Che guerrillero heroico, que enfatiza en su faceta de la lucha armada, y en su potencial movilizador como ejemplo, debemos  enriquecerlo, tremendamente, con la relevancia que tiene su legado como pensador marxista, como el dirigente que, urgido por la cotidianidad y desde el bagaje cultural e intelectual que poseía se preocupó y ocupó por pensar y actuar sobre la realidad para transformarla. Los mitos también son necesarios, los símbolos tienen más fuerza movilizadora de lo que nos podemos imaginar. La cuestión está en qué conforma al mito, cuál es la esencia que lo hace “ser”, sin obviar que buena parte de ese símbolo proviene de lo que la gente le aporta, de acuerdo a lo que le impacta, le emociona, siente necesario en el contexto histórico en que comienza a gestarse.

Pero bueno, no es sobre el Che-mito que quiero hablar. Lo que me motiva a escribir son algunas inexactitudes que leo en el post de Mario Valdés, y que me parece interesante aclarar o enriquecer acerca de la suerte que ha corrido la producción intelectual del Che.

Luego de la muerte del Che en Bolivia, y durante los siguientes 12 años, más o menos, los textos que se editaron, y publicaron con frecuencia, fueron el Diario del Che en Bolivia, los Pasajes de la guerra revolucionaria, la Guerra de guerrillas, y como apunta Mario, la compilación que hizo la Casa de las Américas, a cargo de Roberto Fernández Retamar, que luego enriquecería la Editora Política con otra selección en 8 tomos titulada Escritos y discursos.

Una excepción en este panorama fue la edición reducida, no más de cien ejemplares, que se hizo en 7 tomos donde se recogieron la mayoría de los discursos, entrevistas, artículos y ensayos de Che Guevara desde su llegada a Cuba hasta su salida en 1965. Aquí se incluían, también, los artículos que escribió y se publicaron en revistas cubanas como Cuba Socialista y Nuestra Industria Económica como parte de la polémica económica de 1963-1964; así como una selección de las actas tomadas durante las reuniones bimensuales que se hacían en el Consejo de Dirección del Ministerio de Industrias. El trabajo estuvo liderado por Orlando Borrego, pero fue un grupo de antiguos colaboradores del Che de los tiempos del ministerio de Industrias quienes asumieron la meticulosa labor de revisar la prensa, recopilar archivos, ordenar y tener listo para la imprenta esos siete tomos de El Che en la Revolución Cubana. Estos son los siete tomos que se han vuelto a publicar por la editorial José Martí en estos dos o tres últimos años.

Otra excepción fueron los dos números que dedicó al Che Pensamiento Crítico, luego de octubre de 1967, donde presentaron una selección de textos suyos sobre la lucha armada en Cuba América Latina y sobre la transición socialista.

En general, toda esa producción editorial se concentró en el período que abarca la incorporación del Che a la lucha revolucionaria en Cuba, y los primeros seis años de Revolución, más, por supuesto, el diario de Bolivia.

Eso, cuando hablamos de escritos por el propio Che. Sobre él la producción fue interminable, anecdótica, hasta redundante. Pero marcada, sobre todo en aquellos años, por la huella candente que había dejado Ernesto Che Guevara a lo largo de todo el país, en fábricas, trabajos voluntarios, encuentros informales, partidas de ajedrez, discursos y programas Ante la prensa. La gente necesitaba, también, de alguna manera, mantener viva la memoria concreta de su existencia (la del Che).

Así llegamos a la década de los ochenta, al proceso de rectificación de errores, al discurso de Fidel en 1987 con aquella frase autocrítica de “si le hubiésemos hecho caso al Che Guevara”, al referirse a los derroteros de la economía en la Cuba de los años setenta y principios de los ochenta. Vinieron también, con esta autocrítica pública, la publicación de libros como el de Carlos Tablada sobre el pensamiento económico (premio Casa, creo que en 1986), el de Fernando Martínez Heredia sobre el socialismo del Che, también premio Casa, en 1989; y otros menos conocidos como el de María del Carmen Ariet sobre el pensamiento político, publicado por la editorial Capitán San Luis en 1989.

En ese momento no se sabía que existía lo que luego serían sus Notas de Viaje,  su Otra Vez; tampoco se conocía de la existencia de los Pasajes de la guerra revolucionaria. Congo. No se conocían, sencillamente, porque hasta 1984 la familia de Ernesto Che Guevara los mantuvo guardados, justo como él los había dejado en el despacho de su casa, con la orientación de mantenerlos así, antes de su salida para el Congo en abril de 1965.

En 1984 se creó el Archivo Personal del Che, compuesto por dos personas, Aleida March y María del Carmen Ariet García, quienes se dedicaron, a partir de esa fecha a trabajar en la organización, clasificación y transcripción de todos esos archivos. Dos personas.

Para no hacer demasiada larga la historia, porque lo que me interesa es aclarar dos o tres errores bienintencionados de Mario, les comento que en su gran mayoría, los textos escritos por el Che que se habían mantenido en su archivo de papeles personales están publicados en estos momentos.

Ese trabajo se ha concretado en un proyecto editorial que es fruto del Centro de Estudios Che Guevara en colaboración con la Editorial Ocean Sur, y ha tenido su correlato para Cuba en las editoriales del Instituto Cubano del Libro.

¿Cuál es la diferencia entre lo que se ha publicado por Ocean Sur y lo que se ha editado en Cuba?

Primero: que mientras Ocean lo ha hecho como un proyecto orgánico, articulado por denominador común del Che Guevara, lo que lo hace fácilmente identificable por el público, aquí en Cuba se decidió hacer por áreas temáticas, que fueron asumidas por las diferentes editoriales del ICL, en dependencia del tema que asumen. De esta forma, las Notas de Viaje y Otra Vez, los textos de juventud donde refleja las experiencias por las tierras latinoamericanas, y El Che habla a la juventud, una recopilación de discursos dirigidos a la juventud, fueron publicados por la editorial Abril; el Gran debate. Sobre la economía en Cuba 1963-1964, donde se reúnen todos los artículos –no solo los del Che- de la polémica económica, los Apuntes críticos a la Economía Política –que no son otra cosa que eso que Mario llama Los papeles de Praga-, los Apuntes filosóficos, los Pasajes de la guerra revolucionaria. Congo, las reediciones del Diario del Che en Bolivia y la edición arreglada por el propio Che de Pasajes de la guerra revolucionaria, más una antología titulada Che Guevara presente, y otras ediciones de folletos temáticos a partir de la selección de discursos y artículos del Che sobre la Revolución Cubana, la transición socialista, la lucha internacionalista y un cuarto que ahora no recuerdo, todos ellos fueron publicados por la editorial Milenium/Ciencias Sociales; América Latina. Despertar de un continente lo editó, no sé todavía por qué motivos, la Editorial Oriente. Y Evocación lo publicaron primero la Casa de las Américas y luego la editorial Unión.

Me faltan algunos por enumerar, pero tampoco quiero cansar al que llegó hasta aquí en su lectura.

Segundo: Que Ocean Sur se ha mantenido haciendo reimpresiones o actualizando las ediciones de los libros que componen el proyecto editorial, de manera que en su catálogo se mantienen todos los títulos. En Cuba las tiradas han sido de 3000 o 5 000 ejemplares a lo sumo, y luego no se han vuelto a publicar. Ese es el caso, por ejemplo, del Gran Debate, de los dos Apuntes, y hasta de los Pasajes de la guerra revolucionaria. Congo. Otros títulos como el de América Latina. Despertar de un continente, El socialismo y el hombre en Cuba, y los folletos que comentaba más arriba, se han publicado al menos dos o tres veces más.

Ahora mismo, se está trabajando en la edición de las Obras Completas, pero es un trabajo complejo, marcado en primer lugar por la propia naturaleza de la producción intelectual del Che, que no es una obra de oficina, ni de un académico sentado en su buró, es la obra diversa y dispersa, a veces difícil de localizar, contrastar y corregir de un dirigente revolucionario que en medio de la actividad política pensaba, por supuesto, y escribía. En el Centro trabajan actualmente dos investigadoras, y dos especialistas.

Una aclaración que creo necesaria, la polémica con Charles Bethelheim, no fue tal, en el sentido de identificarlos a ello dos como únicos protagonistas, sino que forma parte de ese gran debate del que hablé antes, donde aparecen además otros, cubanos y extranjeros, entre los que no se encuentra Carlos Rafael Rodríguez, porque mientras que en la realidad concreta ese polémica se llevaba a cabo a partir de la experiencia divergente del INRA (dirigido por Carlos Rafael Rodríguez) por un lado y por el otro del Ministerio de Industrias (dirigido por el Che), Carlos Rafael no escribió ni una línea polemizando.

Con todo ese trabajo, se ha conseguido que la gran mayoría de los papeles del Che que se conservaban en su archivo personal hayan visto la luz en estos últimos diez años. Creo que solo quedan algunos apuntes fragmentarios sobre historia militar, y un grupo de cartas personales (me refiero a las que enviara a su esposa) que la familia ha decidido no dar a conocer, me parece que están en su derecho. El resto está “en blanco y negro”, y no se han publicado así como así, sino que cada uno de los títulos es el resultado de la investigación, detrás hay una concepción que busca, sobre todo, dar a conocer el pensamiento del Che, por sí mismo, sin intermediarios, y de manera tal que se comprenda que no puede haber segmentaciones, que lo del Che es un sistema de pensamiento, realizado en un contexto histórico concreto, y en función de un proyecto político específico, el socialista.

Hace como dos años la Academia de Ciencias de Cuba le otorgó el premio Nacional precisamente a ese proyecto editorial, y pocos años antes, la Colección de los archivos personales del Che fue incluida (después de los manuscritos de José Martí, y el Noticiero Latinoamericano ICAIC) en el Registro Mundial de la Memoria del Mundo. Uno de los requisitos para ello es demostrar que los documentos que optan por ese reconocimiento han sido puestos a disposición de quienes se interesen por leerlos.

El sitio web del Centro de Estudios Che Guevara estuvo online hasta hace dos años, salió offline, simplemente, porque envejeció la plataforma en la que se había hecho, y están ahora intentando reponerlo de nuevo. Desde ahí se podían consultar buena parte de los textos que provienen de sus archivos.

Para consultar, como investigador, los manuscritos originales, hay que hacer lo que es usual en casi todos los archivos especializados del mundo. Presentar tus credenciales como investigador, el proyecto de investigación y las áreas temáticas que le interesa trabajar.

Me he extendido demasiado en este recorrido, pero me parece importante esta aclaración, porque más que preguntar ¿Dónde están los textos del Che? Creo que la pregunta más acuciante es ¿Qué hacer con ellos?

De nada vale lograr sacarlos a la luz si no hay, por un lado, la voluntad política para garantizar el acceso social (ya sea en escuelas, universidades, bibliotecas públicas, plataformas digitales) a su legado teórico; y por el otro, si tampoco existen personas que se interesen por leerlo, darse duro con sus textos, polemizar con ellos, y pensar, sobre todo pensar para cambiar la realidad.

(Texto relacionado: El Che no conviene)

(Próximamente: Tenemos deudas con el Che Guevara”, por René Fidel González García)