La fe de los políticos

Por: Miguel Alejandro Hayes

Estoy muy preocupado. Las prácticas y formas típicas de la religión se están apoderando de la política. Siento que lo que es considerado revolucionario en un cubano es transformado en fe, dogma. Es cierto que la fe mueve montañas, y no tengo una cruzada contra la religión, pero: ¿Y si después la fe se acaba? ¿Qué pasará con la montaña? ¿Qué se hace con la montaña que ha sido movida por la fe?

Este post es escrito para todo aquel que quiera leerlo, pero su mensaje está dirigido a esos jóvenes (algunos de los cuales son mis amigos), que tienen responsabilidades políticas en el país. Espero que la discriminación de algunos que aprovechan la institución para querellas personales, no impidan que llegue el mensaje.

¿Qué es esa fe política de la que escribo y  por qué es algo negativo? Me refiero  a esas ideas que se acostumbran a decir ahora de que esto o aquello no es vulnerable al paso del tiempo. No hablo de cosas abstractas, sino de todos esos discursos que anuncian lo eterno, invencible y  lo irreversible,  del partido, la Revolución y el proceso de construcción socialista.

Estas son temáticas muy delicadas en nuestra sociedad. El simple hecho de mencionarlas, generan la activación de los sensores de la izquierda oficial, de la izquierda verdadera, del centro (si es que existe) y de todos los tipos de derecha. No es necesario caer en ninguno de ellos en particular ahora, pero si son sensibles, lo son por su importancia, y si son importantes, no deben tirarse a un lado para evitar la polémica. Hay que discutir sobre lo que se tiene (mientras se esté en tiempo).

A todos nos gusta que las cosas buenas que queremos nos duren. Por eso, hasta cierto punto es normal pensar que esas construcciones sociales, dígase  organizaciones, instituciones, o todo el proceso cubano no encontrarán un final. Pero no puede confundirse el deseo con la realidad.

¿Qué pasa si solo se sueña y no se conoce la realidad? Si las cosas durarán por los siglos de los siglos, ¿para que luchar? ¿Si de pronto por no luchar, el sueño se destruye sin darnos cuenta? No es esto un cuento de hadas. Se trata de afrontar la realidad tal y como es, para poder transformarla. La falta de realismo, creo que ya lo he dicho, es un crimen de lesa dirigencia. Hacer apología de la sociedad, nunca lleva a nada bueno: engaña a los verdaderos revolucionarios.

 Sería injusto comparar, pero mientras la URSS daba un discurso de solidaridad e internacionalismo al mundo, terribles realidades sociales azotaban al país. Afirmaban estar a un paso del comunismo, sin apenas haber salido del capitalismo. Su error, fue no enfrentar lo que verdaderamente ocurría, y me refiero a la máxima dirección del país. Insisto en que no estamos igual, pero se debe mirar siempre lo que está ocurriendo.

Nuestra sociedad atraviesa cambios importantes. La economía, la política y la población en general, están teniendo movimientos acelerados. Solo habría que mirar la distribución de la riqueza (la economía formal y la de debajo del tapete), los ascensos de la propiedad privada (y no digo que esto per se sea malo) o los cambios generacionales en la máxima dirección del país. Somos actualmente, un país, que pudiera estar pasando un proceso de reconfiguración de toda su estructura. Ante tal estado de las cosas, no se puede renegar de él.

No se puede por un lado,  reforzar los mecanismos de lucha contra ilegalidades y por el otro, que algunos digan en público que todo estamos, que llevamos mejor certeza en el rumbo que nunca. Uso este ejemplo porque si se refuerza la lucha contra las ilegalidades, es porque esta existe en dimensiones tales que hay que reforzar con lo que se cuenta para combatirla.

Nuestra convulsa realidad, puede convertirse en caos si se sigue creyendo, solo por fe, que nuestro partido, Revolución y proceso de construcción socialista estarán ahí para siempre. Me limito a no explicar aquí y ahora por qué casi nada es eterno, sé que cada lector tiene su propia explicación de por qué no lo son. Lo bueno, es lo que no es estático, es perfectible. Pensar que no es para siempre, nos mantiene luchando.

Solo espero que esos que se engañan a sí mismos y a los demás, no nos hagan a los revolucionarios bajar la guardia o centrarnos en falsos problemas, porque más que anunciar lo eterno y lo bueno que tenemos, serán ellos quienes lo destruyan. No tenemos nada eterno, por suerte, para poder seguir luchando.

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