El gen presidencial de los villareños

Museo de la Revolución, antiguo Palacio Presidencial en Cuba

Por: Mario Valdés Navia

A lo largo de la historia cubana un gen presidencial parece haberse incorporado al plasma de los habitantes de las inquietas villas, primer nombre dado por los gobernantes coloniales a las rebeldes villas centrales de Trinidad, Sancti Spiritus, Remedios y Santa Clara. A las que luego se incorporarían Cienfuegos, Sagua La Grande y Caibarién y que, desde 1879, conformaron la rica provincia de Las Villas, dividida en tres con la nueva división político-administrativa de 1976: Villa Clara, Sancti Spiritus y Cienfuegos.

La cuestión es que, por muy importante que hayan sido estos territorios, son muchos los villareños que han ocupado la primera magistratura en poco más de un siglo de vida republicana. El precursor fue el coronel trinitario Juan Bautista Spotorno, quien presidió la República de Cuba en Armas en 1876, autor del famoso Decreto Spotorno que condenaba a muerte a los emisarios de paz llegados al campo mambí. Pero lo más curioso vino tras la instauración de la república, el 20 de mayo de 1902, pues han sido diez los nativos de esa antigua provincia que han llegado al sillón presidencial hasta la actualidad, para un extraordinario 43,4% del total de 23 presidentes que ha tenido la Isla -sin contar a gobernadores yanquis, ni pentarcas del 33.

El primero fue el espirituano José Miguel Gómez Gómez (1909-1913), único general que ha abandonado la presidencia sin dar la brava, aunque nunca más la alcanzó tras varios intentos. Tras casi dos décadas, otro liberal villareño, el general Gerardo Machado Morales, natural de Camajuaní, en Santa Clara, fue el quinto presidente y primer dictador de Cuba que proclamara aquello de: “¡Jefe con cojones no se cae por papelitos!”.

Le siguió el lugarteniente de José Miguel, el coronel villaclareño Carlos Mendieta Montefur (1934-1935), natural del pequeño poblado de San Antonio de las Vueltas, a quien siguió, con apenas un semestre de intervalo, el también espirituano Miguel Mariano Gómez Arias (mayo-diciembre de 1936), hijo de José Miguel y la inolvidable América Arias, único presidente cubano depuesto por un impeachment ordenado al senado por el caudillo Fulgencio Batista.

El quinto fue el coronel remediano Federico Laredo Bru (1936-1940), a quien casi no se menciona por ser Batista el hombre fuerte, pero en cuya presidencia ocurrieron importantes acontecimientos históricos. El sexto y séptimo puestos en este hit parade de políticos villareños lo ocupan dos olvidados que fueron presidentes por un día: el también vueltence Alberto Herrera y Franchi -¡vaya con la gente del pueblito de Vueltas!- y el yaguajense Anselmo Alliegro y Milá, quienes “comandaron” el país los días 12 al 13 de agosto de 1933 y 1 al 2 de enero de 1959, respectivamente.

Lo que más llama la atención en este análisis es que después del triunfo revolucionario de Enero del 59 la tendencia a las jefaturas villareñas se ha incrementado, pues los dos presidentes de la república fueron el también yaguajense Manuel Urrutia Lleó (enero-julio de 1959) y el cienfueguero Osvaldo Dorticós Torrado (1959-1976).

Ahora, tras la confirmación hecha por el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros Raúl Castro Ruz, de su retiro del poder en el año en curso, es de presumir que, según la letra y el espíritu de la Constitución de la República de 1976, asuma la primera magistratura su actual sucesor, el villaclareño Miguel Díaz-Canel Bermúdez, oriundo de Placetas, quien, de ser aprobado por el Consejo de Estado electo por la nueva Asamblea Nacional en abril, sería el onceno villareño que dirigiría el timón del estado cubano.

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