Licencia para criticar

Por: Osmany Sánchez

Lo que está bien o mal depende de quién lo hace. Es injusto y hasta hipócrita pero así parece ser. Existe un ranking invisible de permisos, que es muy invisible por ejemplo en periodistas específicos, autorizados a abordar temas que para otros en la base o en geografías más apartadas resulta casi imposible. Pero en La Joven Cuba también tenemos nuestras propias experiencias. 

De vez en cuando alguien me cuenta alguna experiencia sobre la satanización que un grupo intenta lanzar sobre nosotros. Lo último fueron los comentarios de una funcionaria que se preguntaba por qué había que soportar que se hiciera un blog contrarrevolucionario en Matanzas. No me dijeron si propuso alguna medida para evitarlo, pero me imagino que tendría algún plan para hacerlo, si se diera la oportunidad. Mucho entusiasmo de antorchas en personas que nunca han leído un texto nuestro.

Si publicamos una crítica sobre algo que no anda bien en nuestra sociedad, se nos acusa de hacerle el juego al enemigo, pero si ese mismo tema aparece en un medio oficial o es tratado por alguien con licencia para criticar, entonces es reproducido y aplaudido como una muestra de los espacios para la crítica creados en nuestra sociedad. A menudo, los mismos con licencia para criticar son los que nos atacan, como para imponer una jerarquía o promover cuál es la crítica “correcta”.

Si a LJC no la lee nadie, entonces ¿para qué se preocupan? Y si la leen muchas personas entonces ¿por qué no escriben y publican en LJC? Este análisis es sencillo, pero al parecer difícil de comprender. La crítica revolucionaria y responsable, no necesita permiso. Y no pensamos pedirlo.