La caja de Pandora

Por: Manuel Roblejo Proenza

La gente decía que en el inicio del 2000 se acababa el mundo. Recuerdo que mi madre, aunque se confiesa atea de pura cepa, tenía sus dudas, como buena parte de los que ven que el mundo se va fracturando sin remedio; el fin de los tiempos se anunciaba, pero al final no pasó nada.

Sin embargo, para el 2021, un nuevo Armagedón la tiene hecha un manojo de nervios. Una debacle sin precedentes, una tragedia incomparable: el apagón analógico.

Mi madre, como buena parte de la gente, tiene su panda calentando las noches en la sala de su casa, pero en la fiesta de la digitalización de la TV cubana ella todavía no ha cogido… ni cajita.

Y es que no hay manera de que pueda lograrlo.

Es jubilada y gana alrededor de 200 pesos mensuales; yo le he prometido comprarle una, pero con el lío de la construcción, quién sabe para cuando pueda. El caso es que a los 50 CUC, precio alrededor del cual se comercializan los decodificadores actualmente en nuestras cadenas de tiendas, poca gente de su “clase” puede llegar.

Como ella mucha gente teme que el fin de las antenas de bigote y de bandejas de aluminio colgadas en los caballetes de las casas llegue. No están preparados aún para el cambio, de ninguna manera posible. Antes todo era más fácil, si tenías televisor, tenías televisión; pero ahora eso no basta.

Observan, comiéndose las uñas, cómo pasan Mesa Redonda tras Mesa Redonda, anunciando las enormes inversiones que las empresas involucradas están haciendo para modernizar nuestros sistemas de broadcasting, pero de los receptores, las famosas cajitas, se habla bien poco. Lo que sí se sabe es que hacen falta, y que cuestan como 50 CUC.

Foto: AFP-JIJI

A la pregunta de los temblorosos televidentes de qué pasará con los que no pueden comprar su decodificador —que son la mayoría— siempre se responde que… bueno, que eso ya se verá, que se está estudiando el asunto. Por lo pronto se está estudiando cómo y cuál canal analógico apagar, para darle mayor potencia a los transmisores digitales, así que lo más probable es que a algún viejito le quiten su programita preferido en el canal Educativo 2.

Hace poco leí, en una publicación digital, un orgulloso comentario de uno de los funcionarios de TRD, que afirmaba, sonriente, que “solo” el 13% de las cajitas de tal marca habían resultado defectuosas. Me imagino, por ejemplo, qué pasaría si el 13% del último modelo de teléfonos Samsung fallara; aunque cerca hemos estado de poder establecer la comparación.

Lo cierto es que mi madre tendrá que esperar al 2020, a que repartan por la libreta —si de aquí a allá existe todavía— las cajitas subsidiadas. Tendrán que regalarlas, porque no podrán hacer el trueque tendencioso que se hizo con los refrigeradores. Ojalá para ese tiempo su bigote sintonice otro canal aparte de Cubavisión; porque, como los irán apagando poco a poco, me imagino que ese será el último sobreviviente de la televisión “regalada”.

Nada, compatriotas, a prepararse de nuevo para lo nuevo, aunque en ello nos vaya la vida. Por el momento las cajitas y los televisores híbridos siguen desapareciendo de las tiendas, lo que me hace pensar que mi madre y yo nos hemos quedado del lado de acá del famoso apagón.

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