La hora de las cartas

Por: Osmany Sánchez

El 19 de diciembre de 2013 Cuba se despertaba con la noticia de que se había decidido “eliminar los mecanismos existentes de aprobación para la compra de vehículos de motor al Estado”. Hasta ahí, todo bien, todo el mundo contento. Los menos porque tenían el dinero para comprar, la mayoría porque se eliminaba una prohibición más, pero el problema venía en la oración siguiente: “De este modo quedan sin efecto las cartas de autorización emitidas por el Ministerio del Transporte.

Según la nota, esta decisión se tomó después de “varios meses de estudio” y a partir de “datos aportados por el Registro Nacional de Vehículos, alrededor del 30 % de las ventas realizadas en el año 2012 a través de las comercializadoras cambió de propietario poco tiempo después de haberse inscrito el auto en dicho Registro, lo cual indica que ese procedimiento administrativo motivó que algunas personas se sirvieran de él para obtener ingresos adicionales. Se ha podido comprobar, además, que a través de Internet se realizaban ventas de las referidas cartas incluso antes de comprar el vehículo.”

A mi juicio, esta medida ha sido una de las más impopulares y más dañinas en todos los años de revolución porque por cada afectado directamente por la retirada de la carta, también habían “daños colaterales” como la familia, por ejemplo. Algunas veces el país –obligado por las circunstancias- se ha visto obligado a tomar algunas medidas impopulares, pero este no es el caso.

Varios músicos y artistas se vieron afectados, pero al final los viajes y las ganancias de su trabajo les permitirán “paliar” la situación. Reclamo por todos, pero no quiero hablar de ellos sino de mi sector, de la educación y de los profesores que se vieron afectados.

La nota de Granma señala que la entrega de cartas para comprar los carros “motivó que algunas personas se sirvieran de él para obtener ingresos adicionales” pero para entender eso, vayamos por parte. Un profesor que está a miles de kilómetros de distancia de su casa, tiene un salario de cerca de un 20% de su contrato.

Ese mismo profesor puede –como es común en Cuba- no tener casa propia y vivir con su familia, en la casa de sus suegros o en la de sus padres. O en muchos casos alejados de la Universidad lo que significa un gran gasto en transportación y desgaste físico.

No albergo la menor duda de que el dinero del resto de su contrato se invierte en el desarrollo de la nación, pero si les pagaran más, al final ese dinero ingresaría igual al país.

Si ese profesor vendía su carro –obtenido a través de una carta y merecidamente- no estaba obteniendo “ingresos adicionales”, sino accediendo a la única vía de hacerse de una casa propia. No estaba lucrando, estaba creando con su trabajo mejores condiciones de vida para él y su familia.

El éxodo en el sector de la educación es grande y el país puede tomar medidas para aliviar eso. Un amigo del que ya escribí hace un tiempo me contaba que en un viaje de trabajo a Ecuador podía haberse comprado una moto para aliviar el tema de los viajes a la Universidad, sin embargo eso no está autorizado.

Permitirlo es mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, pero me imagino que algún estudio determinó que eso podía convertirse luego en una forma de “obtener ingresos adicionales”, por lo tanto, mejor prohibir.

La medida de retirar las cartas no tenía sentido ni política ni económicamente. Se trataba de vender autos con miles de kilómetros rodados a precios muy por encima de su valor. El Hyundai atos 4 mil CUC, el Geely 3500 a 4 mil CUC, los Kia rio 6 mil CUC. Más o menos por ahí estaban los precios.

No se puede regresar en el tiempo y hacer las cosas mejor. Por ejemplo, no otorgar más cartas, pero cumplir con aquellos que las tenían ya otorgadas o al menos darle la posibilidad de comprar una moto.

No tenemos máquina del tiempo, pero sí el suficiente sentido común para darnos cuenta de que el costo político de esa medida fue muy grande como para no revisar el tema nuevamente.

En los últimos meses se han tomado medidas importantes y bien recibidas por el pueblo. Creo sinceramente que es la hora de hacer un nuevo estudio. Es la hora de las cartas.

Para contactar con el autor: jimmy@umcc.cu