La revolución pospuesta

"La muerte de un burócrata" filme cubano de Tomás Gutiérrez Alea estrenado en Julio de 1966

Por: Mario Valdés Navia

Este año se conmemoran muchos cincuentenarios importantes relacionados con la Revolución Cubana, y entre ellos hay uno que no debemos olvidar: la campaña antiburocrática librada en todo el país en 1967, que tuvo como punto de partida un ciclo de editoriales publicado por el periódico Granma entre el 5 y el 12 de marzo bajo el nombre genérico de “Contra el burocratismo”.

Los escritos aparecían sin firma, por lo que pueden atribuirse a la dirección, encabezada por Isidoro Malmierca, pero es posible que en su redacción participaran otros autores ligados a la nueva vanguardia intelectual emergente de la época, como Fernando Martínez Heredia, jefe del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana y director de la revista Pensamiento Crítico; o Rolando Rodríguez, director del recién creado Instituto Cubano del Libro. No obstante, lo más probable es que su autor fuera el propio Comandante en Jefe, quien por esa época solía escribir personalmente los editoriales. Lo más importante, tras medio siglo de su publicación, es releer, repensar y revalorar su contenido a la luz de la experiencia y del contexto cubano actual. Echemos un vistazo a algunos fragmentos escogidos casi al azar.

El objetivo de la campaña quedó claramente precisado desde el primer texto: desentrañar el espíritu burocrático como “un peligro que debemos conjurar en nuestro país porque de su eliminación depende, en buena parte, el éxito completo de la Revolución”.[1]

En aquel momento se concebía al burocratismo como una manifestación de la ideología pequeñoburguesa que era preciso eliminar de raíz para llevar a feliz término el anhelado proceso de construcción simultánea del socialismo, el comunismo y la formación del hombre nuevo en Cuba. En consecuencia, se revelaban sin ambages las condiciones que hacían posible que “con el triunfo de la revolución socialista, la burocracia adquiere una cualidad nueva”.

El razonamiento que argumentaba esta tesis era claro, mientras en el capitalismo la burocracia era un estamento profesional secundario, intermediario, subordinado a la burguesía y alejado de las decisiones políticas; en el socialismo: “toda la burocracia que antes se hallaba dispersa, fraccionada, es vertebrada en sentido vertical por el aparato del estado y, en cierto modo, organizada y fortalecida (…) Además de su organización y crecimiento numérico, la burocracia adquiere una nueva facultad en sus relaciones con los medios de producción y, por tanto, con la actividad política”.

Los textos explicaban cómo, al triunfar la revolución y pasar a manos del Estado la dirección de la economía, la burocracia pasa a intervenir directamente en la dirección de la producción, en el control y gobierno de los recursos materiales y humanos del país. Así, de funcionarios subalternos sin poder de decisión en problemas políticos y administrativos de importancia, los burócratas pasan a ocupar posiciones decisivas en la economía y la política.

El meollo de la hegemonía burocrática fue desenmascarado entonces en su más profundo contenido económico-político, al quedar al desnudo la causa última de la posible conversión de la burocracia socialista en una clase explotadora: “Ese aparato tiene una relación determinada con los medios de producción, diferenciada al resto de la población, que puede convertir las posiciones burocráticas en sitio de acomodamiento, estancamiento o privilegio. ¡He aquí el problema más profundo e importante de la lucha contra el burocratismo!”.

El Granma atribuía al partido único la misión histórica de refrenar la burocracia, a condición de que fuera “siempre joven, siempre impetuoso; nunca estancado. Un partido siempre creador y fundido a las masas, nunca un partido que se resigne a intentar repetir lo que ya otros han hecho, sin antes valorarlo críticamente y ponerlo a la luz de las condiciones concretas en que tiene que ejercer su función dirigente y orientadora”. En cambio, se avizoraba que si el partido no ganaba esta batalla a la burocracia, si se estancaba y caía él mismo en la modorra burocrática se convertiría en un cuerpo privilegiado, incapaz de asumir su rol de vanguardia y de desarrollar la conciencia de las masas.

De ahí que el último editorial convocara al pueblo cubano a librar una batalla cultural inédita –y aún pendiente-, por el futuro del ideal socialista, pues: “La lucha  contra el burocratismo constituye, tanto por su importancia, como por la fuerza que ahora adquiere, una verdadera revolución dentro de la revolución. Posiblemente, la revolución que aún no se ha hecho en otros lugares (…) ¡La revolución antiburocrática!”.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

[1] Todas las citas son de Fragmentos de “La lucha contra el burocratismo: tarea decisiva”, publicado en “El Orientador Revolucionario” No 5, del Granma, en Lecturas de filosofía, tomo II. Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1968, pp.643-647.