Un discurso mejor

Por: Isabel Cristina López Hamze

Hoy vi por la televisión un discurso. Me detuve a escucharlo con atención, aún sin la esperanza de encontrarme en alguna de aquellas palabras exaltadas. Era un discurso impersonal, retórico, enfático en exceso con pinceladas de emotividad y entonación manidas. Discurso trillado y monolítico que apostaba por una sola voz, sin embargo, no era un discurso personal, ni afectivo. Me pregunto por qué no se pueden decir cosas bonitas y profundas que sean reales y hagan vibrar al auditorio.

Por qué no puede un discurso conmover desde la verdad y desde la conexión con la gente, más allá de instituciones, siglas o aniversarios. Por qué no veo discursos en primera persona, por qué quien habla no lo hace desde el alma sino desde los antiguos manuscritos de quienes, en su momento, hablaron a la gente desde el corazón. Por qué no dar valor a las palabras, a la riqueza extraordinaria del lenguaje y sus múltiples posibilidades.

Me pregunto a quiénes realmente están dirigidos esos discursos, esos gritos y esas consignas finales que la gente repite como autómatas. Hay tantas maneras de hacer tributos y de rendir honores mediante la belleza de las palabras, hay tantas formas de seducir al auditorio, de emocionar a la gente, de hacer pensar, dudar, llorar, reír o disentir…

Yo no quiero un discurso sacralizador y empolvado, yo no quiero, a mis 29 años, repetir una consigna que me triplica la edad, no quiero que me griten desde un estrado. Yo quiero que me enamoren con una propuesta, que me cautiven con la posibilidad, no con la certeza de un futuro mejor. No quiero que me hablen de certezas, ni de eternidades, ni de conquistas pasadas.

Quiero que proyecten mis conquistas futuras y que me inciten a seguir construyendo desde la fragilidad y la vulnerabilidad del ser humano. Quiero que el discurso no hable de la confianza en la juventud, porque las palmas aún esperan como novias el beso de los jóvenes. Quiero cantar el himno de la vida ante la tumba inolvidable. Quiero que rompa el sol sobre un claro del bosque y quiero ver los racimos erguirse sobre el tronco negro de los pinos caídos.

Yo no quiero ver discursos vacíos, artificiosos y delirantes en mi televisor, yo quiero ver a un líder que me hable de su sueño y del mío, a alguien que magnetice y aúne respetando todas las voces. Quiero la fórmula del amor triunfante. Yo quisiera eso… pero si ahora mismo no lo hay, lo más sabio sería, creo yo, ahorrarse los discursos y poner “Clandestinos” una vez más.

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