Cómo cambiar la mentalidad

Por: Mario Valdés Navia

La convocatoria al cambio de mentalidad me parece una consigna aburrida si se torna indefinida y vacía, y profundamente revolucionaria  si se asumiera en serio y llegara a calar en las masas –función esencial de cualquier consigna-, por lo que la precisaría a mi manera diciendo que lo que hay que hacer es cambiar la mentalidad burocrática en mentalidad crítica.

La realidad cubana tiene aristas hermosas y alegres, que nos llenan de orgullo y son ejemplo para el mundo, pero también es cruda y desesperante y esa parte hay que revelarla, discutirla públicamente y superarla a través de iniciativas y proyectos sociales.  Para llegar a eso habría que hacer de otra manera muchas cosas al interior de nuestra sociedad.

Lo primero sería dejar a un lado la doble moral, el lenguaje complaciente y el miedo a las represalias de los de arriba, y seguir el consejo de nuestras abuelitas de decirle al pan, pan y al vino, vino, aunque nos cueste lo que nos cueste. Como dijera Martí, es preferible quemarse siguiendo a la estrella que ilumina y mata, que engordar apaciblemente con la ancha avena del buey manso.

La gente de Cuba tiene el derecho a estar informada de todo lo que ocurra en su país, y ese es el deber primero de sus comunicadores sociales. Realmente, si  se pretende construir una sociedad socialista de productores libres -como gustaban llamarla Marx y Engels- sin contar con una oposición política interna permitida y con medios alternativos que brinden al público una visión diferente de la realidad nacional e internacional, al menos hay que abandonar el lenguaje propagandístico, siempre edulcorado y satisfecho, que caracteriza a los medios oficiales, en particular, a la televisión, aun cuando esté haciendo el reporte de un accidente de tren, o la devastación causada por un huracán.

Claro que el dominio burocrático tratará de escapar siempre de su sepulturero: el control obrero, por todas las vías. La principal es mantener a los trabajadores en la obediencia mediante el habitus de la dedicación absorbente a la lucha por la supervivencia y la abolición de las prácticas de lucha por sus derechos, que va castrando el espíritu de lucha de los individuos hasta convertirlos en una multitud acrítica, lista para aceptar cualquier orientación que les bajen los organismos superiores, aun cuando les parezca, a todas luces, contradictoria e irrealizable desde el principio.

No es posible acabar con esa mentalidad de retranca creando un Buró de Lucha contra el Burocratismo –como ya se fundaron en su momento los ridículos Departamentos de Atención al Hombre-, sino abriendo cauces a la opinión pública mediante leyes –no decretos, ni cartas circulares- que regulen la participación real en diferentes aspectos de la vida social ya obsoletos, tales como: gobernanza pública, actividad económica, cultura, Derecho, comunicación social, medio ambiente, etc.; así como la proliferación de espacios para el diálogo y el debate de ideas entre posturas diferentes que busquen soluciones viables a los problemas de Cuba.

Para eso es imprescindible la iniciativa del Estado, las organizaciones políticas y la sociedad civil, y el cambio de actitud de toda la comunidad mediática. De esa manera el cambio de mentalidad será un punto de partida para transformar la realidad y no un punto de llegada al que arribarían algún día los que tengan paciencia para esperar por las calendas griegas. O, peor aún, que el cambio demore tanto que, como diría mi abuelita: cuando llegue el sombrero ya no haya cabeza.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

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