Totalitarismo o libertad

Por: Miguel Alejandro Hayes

Quizá una de las críticas más fuertes hecha a los representantes del llamado “socialismo real” (y por qué no, al nuestro) fue la presencia de un fuerte totalitarismo. Se dice que en nuestros sistemas predominan las faltas de libertades para los ciudadanos. Que la sociedad era y es dirigida arbitrariamente desde arriba.

Claro, esta crítica es una mera guerra política. Todas las sociedades conocidas (hasta ahora) desde el surgimiento del excedente han sido dirigidas desde arriba por un grupo entendido como el que debe guiarla. Por supuesto, según los gurús del neoliberalismo, tienen el Mercado, donde los hombres son verdaderamente libres (libres porque compran y venden).

En Cuba, evidentemente no existe tal ‘’libre mercado’’[1]. ¿Será entonces nuestra sociedad totalitaria…incapaz de reproducir hombres libres? Lo cierto es que en determinados niveles de decisión se llegó a aceptar que sí.  Una de las más duras críticas al totalitarismo, la obra “1984” de George Orwell, estuvo censurada, no sé de ley, pero sí de hechos.  Parece que hubo cubanos que se sintieron identificados.

Si tuviera complejo de mi estatura, me molestaría que me la recordaran, probablemente eso pasó en tiempos de censuras. Son prácticas que cometemos a veces los revolucionarios. Decir que algo está o no,  es decir que existe. Decir que no se cree en Dios, es reconocer que existe, solo que se prefiere ignorarlo. Prohibir hablar de totalitarismo, que se hable de totalitarismo en Cuba, es molestia porque duele (se acepta) que existe.

En realidad era solo desconocimiento aceptar semejantes cosas. ¿Cómo alguien puede pensar que un pueblo instruido no tiene libertad?, al menos un cubano que haya crecido bajo la difusión de máximas martianas. Nuestro pueblo tiene libertad, o al menos su potencialidad.

Se debe conocer muy bien qué es un pueblo libre, para no caer en esas trampas donde por negación aceptamos una crítica. Lo primero que se debe entender es que la libertad no está en la libertad de comprar y vender, esa  no es más que una realidad  ya prefabricada a la que el hombre llega, por lo que el centro de nuestra sociedad no está pensado ahí con toda la intencionalidad. Necesitamos al mercado, y Marx enseñó que el mercado reproduce las relaciones sociales imperantes, pero ahí no está la esencia de la libertad, sino solo una ilusión, una de sus manifestaciones mínimas. Tampoco está en la clásica idea de cada cierto tiempo participar y elegir a representantes a diferentes niveles para que tomen decisiones por sus electores (modelo de la democracia tradicional). Esta última puede ser cuando más, una expresión mínima de la libertad alcanzada por el hombre de elegir sus gobernantes. De hecho el término gobernante lacera la idea de libertad. ¿Dónde está la verdadera libertad?

Para hallar la respuesta no se debe ir muy lejos, tenemos a Martí. Ser culto para ser libres no es solo la frase que ponían nuestros Atec-Panda al ser encendidos (no podemos haberlo olvidado tan rápido), fue una idea martiana que guió el suceso más bello de Cuba en Revolución, la Campaña de Alfabetización. No es retórica de Martí, el conocimiento permite saber elegir, trazar los propios caminos, es decir, libertad. Ya lo decía Engels, que el hombre pasa del reino de la necesidad a la libertad cuando aprende a dominar las leyes objetivas que rigen el desarrollo social. Justo eso fue lo que se intentó sembrar en Cuba. Esa es nuestra concepción de libertad, la de conocer para poder dominar nuestra realidad (sus leyes) y mejorarla, o al menos esa es la que debería ser.

Ya construimos las bases y seguimos construyendo el conocimiento requerido. Es evidente entonces, que el pueblo cubano cuenta con la capacidad de ser un pueblo libre. Ese conocimiento más que poder[2], es responsabilidad, libertad de pensamiento y por ende de decisión, en aras no de crear alborotos individualistas, sino para contribuir al progreso social. No tiene que venir  ningún molde exterior a imponer modos y modas, se tiene la capacidad de crear.

Esa capacitación, ese conocimiento adquirido se va inclinando hacia ejercerlo, hacia su consumo, la práctica. Ahí se condiciona nuestra libertad. Esto se canaliza en la iniciativa revolucionaria,  la primera expresión de esa libertad.

Cerrando la pregunta inicial, resulta que somos un pueblo con condiciones para ser libre, y que en realidad lo es, pero que puede ser frenado en muchas ocasiones. Hoy esa capacidad de transformar, en determinados contextos (para no ser absoluto)  puede verse  amenazada. La razón puede ser saboteada por el dogma, el compromiso por el fanatismo y la lucha revolucionaria por el conservadurismo. Estas trabas estimulan generar un efecto en la mente de revolucionarios y de los que no también, de una sociedad sin libertades para los ciudadanos. Son justo esas trabas lo que se deben combatir y laceran esa libertad que en potencia tenemos.

Se dan los casos mencionados en algunas estructuras burocráticas que  entorpecen esa libertad, es decir, la expresión de esta. ¿Será que sus  mecanismos y reglas no se ajustan con el desarrollo y madurez de nuestro pueblo? No se trata de destruir esto o aquello, o dejar todo por los siglos de los siglos, es aprovechar la educación de la que con orgullo presumimos. Ser un pueblo culto no va solo en el conocimiento, sino en la sociedad que se construye con él.

Usémoslo para hacer de Cuba un país más cercano al socialismo, porque se luchó por crear y tener un hombre libre de hecho y de pensamiento, y nada de eso puede perderse. No es solo para a ir al mercado (al nuestro) y a las elecciones, sino para esencialmente en el día a día proponer conscientemente (y con respeto) ideas, propuestas, reflexiones, acciones, pulir cualquier aspecto de la realidad y construir nuestra propia sociedad, escoger el tipo de vinculo que existirá entre sus miembros.

Si en  nuestra iniciativa revolucionaria, va la expresión de nuestra libertad conquistada, el devenir de esta, su acogida dentro de las estructuras de dirección, encierra en sí, la medida de cuan libres somos como pueblo. Su estado actual, es el termómetro de nuestra libertad. Pensemos en ello.

[1] Mercado en ese sentido estricto, porque el mercado es algo mucho más abarcador que eso.

[2] Idea del filósofo y político inglés Francis Bacon.

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