Albio y la Televisión Serrana

Albio editando

Por: Manuel Roblejo Proenza

Cuando uno cree conocerlo todo de una persona, se da cuenta de que, detrás de esa pequeña visión que se asume como única, pueden encontrarse las historias de vida más conmovedoras, valientes y generosas.

Conocí a Albio en la vocacional. Era un muchacho gordito, con los ojos claros y cara de bueno, y hasta nombre de bueno tenía. No recuerdo que haya hecho algo malo o arriesgado alguna vez, por lo que asumí que su vida, en las lomas de su natal Buey Arriba, no iba a pasar de la normalidad de los días que nacen y mueren inexplicablemente.

Pero no pude equivocarme más.

El otro día, mientras veía uno de los documentales de la Televisión Serrana que están pasando por Multivisión —de esos que te estrujan la garganta y el alma—, vi con asombro en los créditos Informática: Albio Figueredo Betancourt. Pensé, en un reflejo egoísta, que era extraño no estuviera trabajando en ETECSA, ni cumpliendo misión; que por qué sería. Enseguida —yo que soy un admirador a rabiar de esa televisión—, me di a la tarea de rastrearlo por toda la sierra… hasta que lo encontré.

Albio ya no es el mismo muchachito; tiene un hijo pequeño, como yo una hija, y en su frente se van dibujando las arrugas que comienzan a anunciarnos que ya no tenemos veinte años. Le pregunté, curioso, cómo había decidido quedarse allí, a morirse de viejo en el medio de la “nada”; aun siendo un profesional capacitado para bajar al llano.

“Te empezaría diciendo que deberíamos ubicarnos en los años 90, donde todo escaseaba, y en la parte tecnológica eran muy pocos los que contaban con una cámara fotográfica o algún reproductor de VHS siquiera; por otro lado era muy difícil ver en las zonas rurales o montañosas algún equipo de realización con una cámara profesional en la mano. Sin embargo, la gente de TV Serrana nos daba esa posibilidad, puesto que venían a las comunidades y rodaban algún material… pero no quedaba ahí la cosa, sino que, luego de editado,volvían, lo anunciaban y en las noches, generalmente, hacían una muestra de video en algún lugar público, para que todos nos viéramos las caras. Lógico, eso era todo un acontecimiento que la gente disfrutaba mucho. Para entonces yo era un niño, y por supuesto que me llamó mucho la atención ese mundo”.

En el campo el mundo del hombre es tan grande como la vista lo permita, inmenso en su caminar y en sus sudores; y a la vez se reduce, impasible, a mañanas completamente iguales, rodeadas de hijos y nietos esperando por el café negro de la Sierra. Albio adora a su hijo. En la pureza del monte se van a pescar juntos de madrugada, como en esos buenos sueños, que algunos nunca pueden cumplir. Pero también necesita ganarse el pan nuestro de cada día. No es fácil ser padre.

“Por azares de la vida comencé a trabajar, luego de licenciarme en informática, en la Corresponsalía de TV de Buey Arriba, como editor (en una corresponsalía eso equivalía a músico, poeta y loco), y de ahí me  preguntan si quería asumir la informática acá, y acepté sin pensarlo. Aunque esto aquí sea comparado con “el fin del mundo”—en términos geográficos casi lo es—,es una zona muy viva; y es precisamente eso lo que ha reflejado la TV Serrana a través de su lente: la vida, la esencia de la gente humilde, que casi siempre queda fuera de la TV nacional… por diferentes factores”.

Filmando un material para la televisión serrana

En medio de la Sierra, Albio trata de alcanzar a la tecnología. No es sencillo, porque es más natural dejarse absorber por el silencio de esos trillos que nadie más quiere desandar. Todavía allí se muestra el celular como un trofeo; con esa altanera inocencia de “si sacas el tuyo, yo saco el mío”. Sin embargo el móvil de Albio es su constante testimonio de vida.

“La labor que realizo es imprescindible, puesto que mi rama está unida directamente a cada uno de los procesos que, desde la economía, las comunicaciones, los procesos de captura, edición, Internet, etc., se realizan acá. No se puede pensar un lugar como este, aunque esté en la mismísima Sierra Maestra, sin tener a alguien que sepa lidiar con las nuevas tecnologías, aunque sea con un modesto conocimiento”.

En fin, que Albio envejece; pero, a diferencia de mí, se le nota feliz con lo que está haciendo. Envejece y echa raíces en su Sierra, que ya nadie le puede quitar. En sus palabras se saborea un orgullo y una sensibilidad que nunca me imaginé en aquel gordito del pre. Una cosa de esas que alguien, aunque sea bueno como él, puede envidiar de otra vida. La Televisión Serrana lleva 25 años existiendo, latiendo necia, en el verdadero corazón de este país; a pesar de los pesares, y gracias a gente como él.

“No existe un salario alto, ni otros incentivos económicos: creo que a eso le llaman por ahí pasión por lo que haces. Y no digo que el día de mañana decida no seguir aquí por otras causas de fuerza mayor; pero hacer lo que te gusta y sentirte útil es muy importante para mí. Y, créeme, no es una “muelita” de la calle: realmente así me siento”.

“No todo es color de rosas, nada lo es; pero uno siente cierto orgullo cuando se menciona algún premio nacional de aquí arriba, internacional incluso, o alguna que otra mención a nuestro trabajo, como por ejemplo la revista que ahora sale por Multivisión, gracias a la cual nos escriben hasta de otros países, donde llega nuestra señal vía satélite. El monte, con su montón de vicisitudes, tiene sus cosas buenas: lo que no siempre podemos verlas. Cuentan que, muchas veces, lo más importante es invisible a los ojos; aunque precisamente lo que se haga aquí sean productos de carácter visual… a buen entendedor…”

El público serrano ve las producciones de su televisora local