Escasez o consumismo

Por: Mario Valdés López Navia

Entre los males universalmente reconocidos de la economía capitalista se encuentra la  destrucción de los bienes ya producidos debido al consumismo y las crisis de superproducción. Desde el siglo XIX se postula que una economía planificada podría ser la solución de estas contradicciones debidas a la espontaneidad de las leyes del mercado.

Desgraciadamente, en la práctica ya centenaria del Socialismo Real el consumismo fue sustituido por la escasez crónica, y la superproducción por la producción insuficiente y de baja calidad. No obstante, los que creemos que un socialismo mejor es posible nos negamos a considerar que no haya una tercera alternativa: socialismo con mayor consumo.

La conversión actual de la RPChina en el taller del mundo y su demostrada capacidad productiva y exportadora parecen desmentir la anterior aporía, aunque las grandes desigualdades y la pobreza en que sobrevive una parte importante de su población hacen dudar a muchos de las ventajas del modelo chino de socialismo de mercado, también denominado economía de mercado socialista, o socialismo con características chinas. Lo cierto es que los comunistas chinos producen tanto que abarrotan los mercados de todo el mundo con productos de calidad variable según las exigencias y la capacidad adquisitiva de cada uno.

Por otro lado, ha existido el criterio –dicen que salido del genio de Stalin y compartido por Mao- de que las masas deben permanecer en la pobreza y la escasez para que sigan siendo socialistas, pues el crecimiento del nivel de vida las convierte en miembros de las capas medias y, con ello, pierden su “espíritu revolucionario” y su “capacidad de sacrificio”, ya que empiezan a pensar de manera pequeño burguesa al priorizar las cosas valiosas que podrían perder de continuar por el peligroso camino de la revolución.

El problema de este retorcido postulado es que pone en duda la causa primera de la revolución socialista y de la construcción de la nueva sociedad, pues luchar por sacar a las masas de la explotación capitalista y crear un hombre nuevo solo puede expresarse en un crecimiento del nivel y la calidad de vida de los individuos y las familias. Lo demás me parece una estafa política y un fracaso socio-económico, pues se obliga al pueblo a permanecer hundido en un océano de penurias, mientras los líderes, sus familiares y acólitos viven en un limbo de satisfacciones materiales como si hubieran arribado ya al comunismo soñado.

Ciertamente, consumismo y consumo no son conceptos idénticos. El primero es una aberración mercantilista que juega más con el imaginario social –Marx lo llamaba fetichismo mercantil-, que con las necesidades reales de los consumidores; el segundo es el objetivo final de cualquier cadena productiva.

La producción no puede verse separada del consumo y tampoco de sus esferas intermedias, la distribución y la circulación. Ver las cosas de esa forma es lo que hace que los noticieros de la televisión cubana nos informen sistemáticamente de la cantidad de caballerías sembradas de tal o más cual producto, o de la cantidad de toneladas cosechadas, pero nunca de la cantidad que llegó a cada mercado local y, menos aún, de la dinámica de los precios en el eternamente contraído mercado interno. De hecho, los cubanos estamos más informados del movimiento de los precios en el mercado mundial que en nuestros mercados internos, tanto en CUC como en CUP.

Cuando las empresas cubanas, atadas inexorablemente al mercado internacional por la eterna necesidad de divisas y la trampa de la doble moneda, piensan más en exportar que en satisfacer la demanda interna -subestimada por la debilidad del peso como medida del valor-, no solo queda cuestionada su misión social como empresa pública, sino toda la razón de ser del socialismo.

Una cosa es exportar los excedentes y otra, muy distinta, hacerlo con producciones que nunca llegan al consumidor interno. Tener ganas de comer langostas y camarones de vez en cuando no es un pecado consumista de los cubanos y cubanas, sino una necesidad de primer orden para la mayoría de los habitantes del planeta, más si viven en una isla exportadora de mariscos.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

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