Al pueblo le decimos lee

Foto: EFE

Por: Gisselle Morales

Hace poco más de un año, cuando el Consejo de Estado acordó liberar a Julián González Toledo del cargo de Ministro de Cultura, a la opinión pública no se le dio ni un solo argumento. Pudo haber permitido desfalcos, disgustado con su gestión a Alicia Alonso o haberse robado el diamante del Capitolio, pero la nota no decía que el ministro erró.

De hecho, ahora que lo pienso, en las numerosas notificaciones de este tipo que he leído durante años, no he descubierto una oración subordinada que pudiera interpretarse como halón de orejas para los ministros salientes a los que, por lo general, se les terminan asignando otras tareas. Si ese “otras tareas” significa hacia arriba o hacia abajo es algo de lo que uno se entera después, en los pasillos o en las paradas de guagua.

Hace solo dos semanas, cuando la Dirección Nacional de Béisbol se vio forzada a revelar las causas de la sanción de Víctor Mesa —ese es el riesgo de poner a dirigir a una gloria del deporte con problemas de conducta—, aprovechó de paso para dejar sentado lo que tal instancia entiende como norma: no ofrecer detalles de los eventos por los cuales son sancionados los atletas, entrenadores, federativos y directivos, “con el fin de proteger la integridad moral de los implicados y no afectar la dinámica interna de un equipo o colectivo de trabajo”. O sea, falta de transparencia con fines humanitarios. Qué bien.

Hace apenas seis días, “atendiendo a errores cometidos en el cumplimiento de sus responsabilidades, la Dirección del Partido decidió liberar como director del periódico Granma al compañero Pelayo Terry Cuervo” y la determinación se publicó de inmediato en la portada del diario.

La nota de 45 palabras los califica como errores, pero ni siquiera los esboza, con lo cual apuesta por que todos aceptemos acríticamente el juicio de quienes hicieron la valoración; algo así como interpretar al revés aquella frase icónica de Fidel en los inicios mismos de la Revolución: “Al pueblo no le decimos cree, le decimos lee”.

Tomado de: Cuba Profunda 

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