El trabajo voluntario: herramienta mal usada

Che Guevara construyendo en un trabajo voluntario. Foto: Prensa Latina

Por: Miguel Alejandro Hayes

Es muy común en estos días escuchar en cualquier grupo de personas la idea de un trabajo voluntario. Bajo condiciones disímiles, amigos, jefes, compañeros, suelen convocarnos a participar en estos. Tal hecho hace parecer a primera vista que es algo positivo, que ha llegado a penetrar nuestra subjetividad su necesidad, que estamos un poco más cerca del hombre nuevo.

Ante tal estado de las cosas, es planteada la siguiente reflexión: ¿Realmente conocemos al trabajo voluntario, nos queda solo su caricatura  o su forma se ha adaptado a las necesidades de nuestros tiempos? Aclaro que no me refiero a la actividad en sí, sino a lo que se le llama por ese nombre.

Lo primero será mirar un poco en su origen. Desgraciadamente, no es un invento propiamente cubano, aunque si del llamado socialismo. Surgieron en Rusia en 1919 a partir de obreros que voluntariamente alargaban su jornada laboral sin remuneración. La práctica se extendió a los fines de semana, llegando a conocerse como ‘’sábados comunistas’’. Parecía ser, a decir de Lenin, el inicio de lo que sería algo así como ‘’trabajo libre comunista’’.

En Cuba, la cosa no fue muy diferente. Es muy conocido que fue Che quien impulsó el trabajo voluntario. Inicialmente respondía a las necesidades productivas del país. La necesidad inminente era producir. Con estas jornadas de trabajo voluntario: se cortaba caña, se construían casas, escuelas. El país creaba más riqueza sin el gasto de salarios. Eran momentos de aporte por entero a la patria, un verdadero trabajo voluntario.

Esto, era necesario y era parte del proyecto de socialismo de Che, donde concebía un hombre consciente de su realidad que  decidía transformar esta, y con ello transformarse a sí mismo: crear un hombre nuevo.  Para lograrlo, desde las condiciones de subdesarrollo, se necesitaba ese esfuerzo más allá del cotidiano remunerado.

El Ministro de Industrias de Cuba, Comandante Ernesto “Che” Guevara, durante un domingo de trabajo voluntario como estibador en los muelles de la Terminal Marítima Mambisa. La Habana, Cuba

El tiempo ha transcurrido,  pero hoy se hacen todavía ‘’trabajos voluntarios’’, o al menos a ciertas prácticas se le suele llamar así. En realidad, se le llama así  ahora, a las actividades de higienización, de recogida de hojas, yerbas y basura de los alrededores. El ‘’trabajo voluntario’’ de hoy, solo se limita a labores de comunales y áreas verdes. Reconozco la importancia de que esto se haga, lo cuestionado es la simplificación de algo tan bello, abarcador y necesario.

El trabajo voluntario adquirió significado en un contexto de respuestas  a determinadas necesidades del país. Hoy, este adquiere unas dimensiones muy reducidas. No se trata simplemente de si se realizan o no los esfuerzos para aumentar nuestro PIB con actividad no remunerada. ¿Será que ya el país no necesita un trabajo voluntario con las mismas características que proponía el Che y por eso hoy se ha reducido nuestra concepción sobre él, o será que el esfuerzo que se puede entregar voluntariamente no se emplea en construir una mejor realidad?

No intento darle respuesta a la interrogante anterior, sobre todo porque pienso que no se puede exigir, tan solo convencer, a un hombre que piense en producir más allá si ni siquiera tiene garantizada sus condiciones de reproducción (lo necesario para subsistir). Pero lo cierto es que hoy siguen existiendo condiciones no esencialmente diferentes a las originarias del trabajo voluntario.

El país sigue teniendo escaseces en determinadas ramas de la producción (entendida en el sentido amplio). Solo deben verse los productos de sello nacional o nuestras calles, casas, edificios o escuelas donde se hace necesaria la mano del hombre y donde evidentemente un sueldo no ha sabido llenar a alguien para que haga la actividad. No digo que los problemas del país se resuelvan con trabajo voluntario, solo que este, en su naturaleza, resolvía algunos  que persisten.

Lo más importante, la edificación del hombre nuevo: tampoco lo tenemos. Distamos mucho de él. No creo que lo que llamamos ‘’trabajo voluntario’’ tenga un fuerte resultado sobre la conciencia de los hombres, que sea una verdadera acción transformadora de la realidad y del individuo mismo.

Visto lo anterior, sin comprender sus verdaderas causas, resulta que el ‘’trabajo voluntario’’ dejó de ser un paradigma para la edificación de un sistema social y del hombre que este necesita.  A pesar de los espacios vacíos en la producción material y espiritual, este no los ha cubierto, terminando por reducir sus dimensiones a solo un subconjunto del original.

Es decir, el trabajo voluntario, tal y como lo pensó Che ya no existe.

Es decir, el trabajo voluntario, tal y como lo pensó Che ya no existe. Hoy solo nos llega una forma muy distorsionada y caricaturesca de este, que no cumple las expectativas del original.  No busco las raíces, solo sugiero, por no terminar de destruirlo, dejar de llamarle así a sus deformaciones en el presente, y solo aludir a él, para una verdadera transformación de la realidad.

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