El Acorazado Potemkin

Por: Mario Valdés Navia

Magnífico homenaje al centenario de la Revolución de Octubre es la exhibición por la televisión cubana del clásico de Serguei Eisenstein El acorazado Potemkin, en su versión para DVD del 2004, pues a este film –uno de los más importantes de la cinematografía mundial- le ha venido ocurriendo como al neutrino, que muchos hablan de él pero muy pocos lo han visto.

Aunque los hechos que narra corresponden a la Revolución de 1905, no a la del 17 como muchos creen, ambas estuvieron ligadas estrechamente, pues aquellos sucesos de Odesa contribuyeron a la maduración de una situación revolucionaria que desembocaría en el alzamiento bolchevique. No en balde la obra fue solicitada al joven cineasta por la dirección cultural soviética para conmemorar el vigésimo aniversario de la que se consideraba la antesala de la Revolución de Octubre.

Pero, en la cuerda de los aniversarios, lo más interesante para los cubanos de hoy es que se cumplen 90 años del estreno de la película en nuestra Isla, y de la polémica que se suscitara tras su censura y retirada de las salas de estreno por las autoridades machadistas, como parte de la política represiva que se extendía por el país y que tenía en el freno a las actividades comunistas uno de sus escenarios favoritos.

Es muy interesante rememorar cómo el quinteto de editores de la Revista de Avance (Francisco Ichazo, Félix Lizaso, Jorge Mañach, Juan Marinello y José Zacarías Tallet) se opuso a la reaccionaria postura oficial con el lenguaje mordaz y radical que los caracterizaba:

(…) qué decir de la idea del Estado-tutor que algunos gobernantes propugnan como única posible manera de lograr la salvación de los pueblos? Veinticinco años de República, creímos que era edad suficiente para no precisar andadores. Mas parece que no. Niños grandes, el Estado nos toma de la mano y nos lleva de grado por fuerza por las sendas del bien; nos dice qué desnudeces podemos ver, qué pasatiempos ejercitar y a qué espectáculos asistir. Acorde con este plan ascético por la salvación de las almas, llega a instituir una Comisión Revisadora de Películas, cuyas primeras providencias son bien conocidas.[1]

Lo que más enfurecía a los muchachos de Avance era el criterio represivo que inspiraba a los censores pues: “Potemkin fue suspendida porque, al decir de uno de los comisionados, «enardecía los ánimos del público»”. Y se preguntan indignados: “¿Qué quería el comisionado? ¿Qué los adormeciese? ¿Debemos formar ciudadanos prestos para el viril y justo enardecimiento, u hombres laxos, indiferentes a todo clamor de equidad o de justicia? ¿Qué quería el comisionado que hiciese el público ante el vandalismo de los cosacos del zar maravillosamente expuesto en aquel film?”.

Con ironía política que nunca olvida el contexto cubano afirmaban de la famosa escena de la escalinata de Odesa: “¡Cuánto más doloroso habría sido que ese público hubiese permanecido impasible ante el atropello de mujeres y niños por las hordas armadas del Imperio! Pero parece que lo que se quería era un menor alarde de crueldad en la soldadesca zarina. Algo así como una sustitución de los cosacos filmados, por otros cosaquitos de cartón, al gusto del comisionado censor. ¡Triste cosa que no haya cosacos de quita y pon para estas ocasiones”.

A esa mojigatería de los censores ante los temas político-sociales más crudos, contraponen su tolerancia hacia filmes “que emplean como cebo la más barata y torpe obscenidad”, al tiempo que se imponían absurdas reglamentaciones al desnudo artístico.

Sirva este pasaje para recordar cómo fue recibido aquel clásico del cine soviético por la vanguardia artística y el público cubano de entonces, pero también para revelar las actitudes de la censura oficial, siempre oculta tras las banderas de la supuesta protección al “inocente” e “inmaduro” consumidor de los productos culturales.

[1] Todas las citas de: “Multimedia de la revista de Avance”, sección Directrices, No 13, 15 de octubre de 1927.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

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