Reforma del Plan de Estudios: ¿optimización o neo-anacronismo?

Foto: Alberto

Por: Alejandro Martínez

Recuerdo que a inicios de mi (ya distante) segundo año de la carrera de Economía irrumpió en el aula un profesor con unos folletos. Se fueron repartiendo de adelante hacia atrás; uno por mesa. Nadie sabía de qué se trataba. Al examinar el documento, se veía en letras tamaño de fuente 24 un cartel que decía “Pagina 12”, seguido por lo que parecía ser un breve artículo de apenas dos páginas.

Mientras nos invitaban a leer aquel artículo, el profesor nos preguntaba sobre las asignaturas que nos gustaría quitar de la carrera. Pensé lo irónico de la pregunta a la par que trataba de leer sobre algo relacionado a “protestas de los estudiantes en Argentina” motivadas aparentemente por inconformidades en los modelos de enseñanza universitaria. Rápidamente pensé que se trataba de una charla rutinaria donde confirmaríamos lo afortunados que somos los estudiantes cubanos de nuestros planes de estudio.

No se trataba de eso. Debíamos debatir sobre cómo podría ser nuestra carrera con un año menos de estudio. Cuando caí de golpe en la situación intenté escuchar los argumentos sobre la necesidad de tales cambios: -Muchas carreras universitarias en otros países duran apenas tres años. Nosotros los cubanos, “debemos ir a la par del mundo”; nuestro gobierno gasta mucho en cada estudiante por año, y reducirle uno sería un gran ahorro para el país-.

El artículo de la “Página 12” resultó ser sobre estudiantes de economía que querían conocer economía marxista; se interesaban por saber la historia y las críticas a esos estáticos modelos pseudomatemáticos que les inoculaban bajo el nombre de “Economía”. Se les ofrecía una cajita de herramientas; ellos querían hacer su propia caja…

¿Cuáles son las causas de este fenómeno en otros países? ¿Cómo es que realmente estamos organizando para acortar a 4 años las carreras? ¿Qué efecto podría tener para la enseñanza universitaria a largo plazo? ¿Qué participación real está teniendo el estudiantado en esta decisión? Ninguno de estas interrogantes fue analizada.

Con el paso de los meses y la ajetreada vida, aquello fue quedando atrás. El debate pasó al olvido de las cosas a largo plazo; mas, la reducción de los años de estudio de carreras universitarias es un futuro inmediato. La discusión sobre la reorganización de lo que será el “Plan E” de estudio de la Educación Superior continúa.

Es un hecho que los planes de estudio suelen responder a necesidades precisas de cada sistema político-económico. Si determinado país necesita un tipo de profesional que se dedique a una actividad específica, no se le enseña toda la dimensión de la ciencia asociada, sino los conocimientos muy específicos que necesita aplicar; prima la especialización por encima de la generalización.

La tendencia mundial es reducir los planes con miras a formar profesionales cada vez con mayor celeridad y especialización. Es una necesidad puesto que la especialización es una fuente esencial de productividad. Así, se puede estudiar una carrera por cada perfil específico que pueda tener una ciencia en general, el estudiante solo aprende lo que le interesa y le sea útil, mientras que el sistema obtiene lo que necesita. Pero no estoy seguro que este sea nuestro caso.

Nuestro plan solo parece interesarse en formar el mismo perfil de profesional integral en menos años académicos, reduciendo los costos de los estudios universitarios. El mismo programa por carrera comprimido en cuatro años para todo el país. Tendremos la misma cajita en menos tiempo; el mismo recorrido a mayor velocidad. La especialización no es la meta sino responder a las prioridades del país: ahorrar, invertir menos en la educación.

Cabe entonces la tan necesaria interrogante… ¿El plan E de estudios responde en su concepción a una seria optimización de nuestras fuerzas productivas? ¿Contempla los requerimientos materiales y metodológicos necesarios para la actualización del “Sistema Socialista” que intenta construirse? En algún punto estas preguntas deberían responderse o al menos ser tomadas en cuenta, no sea que en lugar de optimizarnos caigamos en un nuevo e inútil anacronismo.

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