Martí vs burocracia

Foto: Raja Basu Roy

Por: Mario Valdés Navia

La cólera que provoca en los hombres y mujeres del pueblo el fastidioso predominio burocrático hace creer a muchos que este es un fenómeno surgido con el Estado socialista. Nada más lejos de la verdad. Durante la colonia y la república burguesa convertirse en burócrata se consideró una de las carreras más rentables en Cuba, pues la hipertrofia burocrática era un rasgo característico del Estado español y lo siguió siendo de la República.

Las raíces del burocratismo cubano se hunden en el pasado secular de la sociedad colonial cuando las figuras del funcionario y del empleado metropolitanos llegaron a ser de las más odiadas por los patriotas criollos. El pensamiento cubano los atacaba por diversas vías, donde la literatura solía llenar los espacios que la política no podía; de ahí la aparición de obras como la novela “Mi tío el empleado”, de Ramón Meza, tan alabada por el Apóstol José Martí, quien diría del libro “parece una mueca hecha con los labios ensangrentados”, pues cuenta:

(…) cómo se enriquecen, a robo limpio y cara de jalea, los empleados; cómo chupan, obstruyen y burlan al país (…) deja una impresión semejante a la que ha de dejar una bofetada. Es un teatro de títeres; de títeres fúnebres. Y a no ser porque no pueden negarse los ojos a ver, ni la memoria a recordar, diríase, conforme se va leyendo el libro, que sólo en los dominios de la pesadilla pudieran llegar a esa preponderancia, ignorantes y pícaros tales.[1]

Asombra bastante el tono exaltado de Martí y el odio manifiesto hacia ese sector social, algo extraño en su prosa mesurada y bastante complaciente con los defectos sociales. Pero es que estos burócratas eran funcionarios del Estado español que parasitaban a la sociedad cubana y frenaban sus posibilidades de desarrollo.

Para su proyecto de república de nuevo tipo, el peligro burocrático era una amenaza real que Martí no se cansaba de exorcizar una y otra vez con fuertes calificativos:

!Mal va un pueblo de gente oficinista! […] ¡que abyecta se vuelve por el pan fácil la persona oficinesca! ¡cómo quiebra la honra la larga posesión de un beneficio público! ¡cómo debilita la costumbre de los empleos la energía de los hombres! […] Nuevo queremos el carácter, y laborioso queremos al criollo, y la vida burocrática tenémosla por peligro y azote […] ¡Allí veremos porque son quienes deban, y los mejores, los que ocupen los puestos de servicio, y porque el mérito se los asegure en vez del favor, y no entre en la sangre de la república la peste de los burócratas.[2]

Ojalá estas advertencias martianas nos sirvan para guiar la carga que hace falta para sanear al país de esta peste burocrática que no es una cuestión de personas, sino del burocratismo como modelo de pensamiento y de la burocracia como una especie de nueva clase social aprovechada y soberbia.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

[1] José Martí (1888). “Mi tío el empleado. Novela de Ramón Meza”, El Avisador Cubano, New York,  25 de abril, OC, T5, pp.122 y ss.

[2] Respectivamente en: “La futura esclavitud”, La América, New York, abril de 1884, t.15, p.391; “El Senado y el Presidente”, La Nación, Buenos Aires, 1 de abril de 1886, t.10, p.387; “Los cubanos de afuera y los cubanos de adentro”, Patria, New York, 4 de junio de 1892, t.1, p.479 y “En casa”, Patria, New York, 21 de enero de 1893, t.5, p.405.

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