La muerte del Che

Por: Miguel Alejandro Hayes

Sé que ya han pasado algunos días, pero a veces es mejor esperar que pase la tormenta. Se debe evitar llover sobre lo mojado. Por eso, hablar del Che en los días que se recordaba su muerte, hubiese sido un ejercicio rutinario. Creo que ya bajada la marea, es el momento preciso.

Sin dudas, el tema será la muerte del Che. Ya es muy molesto escuchar decir a algunos de los periodistas de nuestra televisión la caída en combate, la desaparición física u otras formas erróneas o poco exactas sobre la muerte del guerrillero. No creo que alguien no sepa a esta altura que el Che fue asesinado.

La idea de que Félix Rodríguez, el cubano de la CIA, dio la orden de dispararle, de matarlo, en términos jurídicos más exactos, de asesinarlo, es muy conocida. Y si, aunque los periodistas lo olviden, no es tan grave comparado con el hecho de que no se reconozcan a los verdaderos culpables de  la muerte del Che.

No es por ser excesivo en el perdón, pero si un periodista comete la imprecisión por la causa que sea al informar, puede arreglarse, el flujo constante de los medios hace que parezca insignificante y siempre se puede rectificar. Pero si el error no fuese solo ahí y estuviera en la literatura, en la literatura que los revolucionarios consumimos. Eso sí debe preocuparnos.

Esto es precisamente lo que ocurre al escribir sobre la muerte de Che. Me ha impresionado mucho saber que la historiografía, incluso en la que leemos nosotros se borra el papel de la CIA en este hecho. Ejemplo de esto son algunas de sus biografías.

Para Jorge Castañeda, en Che, compañero, la vida y la muerte del Che Guevara, acepta la historia de que los norteamericanos deseaban al Che vivo (Ratner, 2014, 5). El tan conocido Paco Ignacio Taibo II en Guevara, también conocido como el Che, hace el recuento de la orden de matar al Che sin mencionar la participación de Félix Rodríguez (Ratner, 2014, 8). Por último, la biografía de Jon Lee Anderson, la más popular sobre el Che, Che Guevara A revolutionary Life, repite que fueron los generales bolivianos los que dieron la orden de matar al Che. (Ratner, 2014, 7).

Sin embargo, una versión un poco más rigurosa, circula en nuestro país sobre tales hechos. Por suerte, un par de abogados norteamericanos Mitchel Ratner y Michael S. Smith, a partir de los archivos desclasificados de la CIA exponen en su libro ¿Quién Mato al Che?, la evidencia de cómo los verdaderos autores, fueron los hombres de la CIA. Este libro era necesario, y está en venta en algunas librerías en pesos cubanos.

No se trata de un tema superfluo, es todo lo contrario. Sus implicaciones son muy fuertes. No es posible que la historia desaparezca al verdadero culpable de los libros de historia. No basta con saberlo, como también sabemos que el Maine no fue un accidente. Si no se escribe, en unos pocos siglos, la historia habrá cambiado, y todo aquello que hoy es una verdad, será recordado como simple especulación del pasado.

La historia, debe cuidarse también desde el presente, recogiendo en los registros la verdadera historia. No es solo hablar del Che, la seriedad y cientificidad con que se trata el tema, hace que hablar de él, sea un acto de homenaje y de carácter revolucionario.

Recomendación: Ratner Mitchel, Smith Michael, 2014, ¿Quién Mató al Che?, Ciencias Sociales, La Habana.

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