Camilo entre nosotros

Por: Joe Michel López Inguanzo

Camilo era de esos jóvenes destacados que en una vida normal hubiera llegado lejos y sido feliz. Pero le tocó crisis social y dictadura, de no ser así quizás hubiera terminado su formación en la Academia San Alejandro, conociendo su tenacidad y perseverancia demostrada no tengo dudas de ello. Pero los azares de la vida le tendieron otro camino a este gigante popular.

El 26 de Octubre de 1959 en su último discurso al pueblo cubano y a solo 6 días de haber regresado a nuestra capital, luego de liderar la desarticulación de una rebelión militar en la provincia de Camagüey, sin que corriera una gota de sangre entre cubanos dentro de la revolución, decía en unas breves palabras:

Tan altos y firmes como la Sierra Maestra son hoy la vergüenza, la dignidad y el valor del pueblo de Cuba en esta monstruosa concentración frente a este Palacio, hoy revolucionario, del pueblo de Cuba.

Se demuestra esta tarde que no importan las traiciones arteras y cobardes que puedan hacer a este pueblo y a esta Revolución, que no importa que vengan aviones mercenarios tripulados por criminales de guerra y amparados por intereses poderosos del Gobierno norteamericano, porque aquí hay un pueblo que no se deja confundir por los traidores.

Esta manifestación de pueblo, estos campesinos, estos obreros, estos estudiantes que hoy vienen a este Palacio, nos dan las energías suficientes para seguir con la Revolución, para seguir con la Reforma Agraria, que hoy no se detendrá ante nadie ni ante nada. Porque hoy se demuestra que lo mismo que supieron morir veinte mil cubanos por lograr esta libertad y esta soberanía, hay un pueblo entero dispuesto a morir, si es necesario, por no vivir de rodillas.

Porque para detener esta revolución cubanísima tiene que morir un pueblo entero, y si eso llegara a pasar serían una realidad los versos de Bonifacio Byrne: Si deshecha en menudos pedazos/ llega a ser mi bandera algún día/ nuestros muertos, alzando los brazos/ la sabrán defender todavía.

¡Hermanos, la Revolución está hecha, vuestra sangre no cayó en balde”!”

Pensándolo bien, Camilo fue feliz, y llegó muy lejos.

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