Había una vez

Por: Boris Luis Alonso Pérez (Estudiante de Periodismo)

Desde hace tiempo no escribo ningún cuento que empiece por “había una vez”. He llegado a pensar incluso que la Real Academia de la Lengua Española ha prohibido su uso o que los escritores contemporáneos lo han tachado de antiguo. Pero no, después de informarme, llegué a la respuesta correcta, no habrá más “había una vez”, porque los finales felices se extinguieron.

Uno es incapaz de vivir sin el otro. Así que adiós al viejo cuento de la caperucita, llenar una canasta de dulces hoy en día es igual de caro que llenarla de viandas y vegetales. O qué me dicen de Jack, cómo diferenciar en un agro qué frijoles son mágicos, si todos parecen serlo. O de Blanca nieves y su problema con las manzanas, saben a lo que me refiero.

Pero no solo es esto, la Cenicienta hoy en día sería muy diferente, en primer lugar no necesitaría ni hada, ni zapatillas de cristal para ir a la fiesta de príncipe; ¿ustedes saben cuánto se cobra por limpiar casas a domicilio, y en CUC? Carroza, ni carroza, si alquilando un “tour” resuelve el problema.

Pocahontas ni loca se iría para Europa, con la crisis que hay ahí. Aladino por ejemplo, estaría negociando con los Estados Unidos la retirada de las tropas en Bagdad y Jafar sería un directivo del Estado Islámico. Elpidio Valdés tendría que cargar al machete una vez más, pero contra la corrupción, el robo y la pérdida de valores, mientras María Silvia y Eutelia quizás se pasean con Resoples por Varadero.

Simbad dejaría la piratería para dedicarse al tráfico de emigrantes. “El Negrito Cimarrón” jugaría béisbol en Grandes Ligas, imagínense tiene que mantener a un palenque entero. Pero el que peor lo llevaría sería Hércules, porque hoy  en día una fuerza sobrehumana y músculos increíbles no bastan para resolver los problemas del mundo. Los estereotipos vendrían a realizarse, o no.

Pero “había una vez” en que los buenos podían ganar, “había una vez” en que el amor triunfaba sobre el dinero, “había una vez” en que el esfuerzo verdadero daba frutos, “había una vez”  en que el final de una historia era feliz para siempre, “había una vez” en que se podía soñar.

 

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