El problema no es la doble moneda

Por: Alejandro Martínez

La doble moneda ha sido un problema constante. Se nos presenta como un elemento que dificulta el correcto desenvolvimiento de la economía cubana. De tanto mencionarlo, parecería algo que solo preocupa a los revolucionarios: una consigna, parte de un discurso político, tanto de un lado, como del otro. Entonces, ¿es realmente la doble moneda un problema?

La respuesta, al leerla seguro parecerá descabellada. No lo es, o al menos, ese no es el verdadero problema. Creo que es evidente, al bolsillo le es lo mismo 2 CUC que 50 CUP. Para reflexionar sobre la cuestión, se pudiera ver un poco en la historia de Cuba y por qué no, del socialismo real.

Los rusos utilizaron esta forma de manejar la moneda, para resolver algunos problemas internos de su economía, en sus primeros pasos de construcción del socialismo. A la par del rublo, crearon el rublo chervonets.  El primero era la moneda real que utilizaban para el intercambio con el exterior, y para evitar el caos en el comercio interno y la hiperinflación, usaban el segundo. Establecieron para ello una tasa de cambio fija, manteniendo una razón de equivalencia constante entre ambas monedas. Dicha medida tuvo un carácter temporal y volvieron a la normalidad: una sola moneda.

Justo al comparar con la práctica cubana, es donde se pueden resaltar los defectos de nuestra “dualidad”. Sin dudas, esta fue una medida que vino a resolver necesidades objetivas de sostener nuestra economía y que no distaba mucho su condicionamiento del caso anteriormente mencionado. Pero la puesta en práctica de esta política monetaria tuvo sus particularidades, las cuáles permitieron un crecimiento de la economía. Son justo estas particularidades  las que han atrasado en el tiempo la tan deseada unificación monetaria.

La razón de cambio, no fue ni es  la misma para todos los agentes económicos. Se decidió que no se utilizaría  una sola tasa de cambio, sino que se usarían varias simultáneamente para lograr mayores ganancias estatales. Para las personas naturales, los ciudadados, las tasas serías de 24 o 25 por 1 (trayéndolo al día de hoy) y la tasa de cambio para las empresas estatales seria de 1 por 1. Esto hacía que los ingresos de las empresas se multiplicaran tanto como el tamaño de la tasa de cambio, tapando la verdadera eficiencia productiva que estas pudieran alcanzar. Así, una parte de la rentabilidad de la empresa estatal socialista  queda subordinada a esta anomalía del sistema, retrasándose  bajo la búsqueda del beneficio económico: la unificación. Si esta ocurriera ahora mismo, significaría una caída para nada despreciable de la rentabilidad empresarial. Para ser más concreto: dejarían de ser rentables alrededor de un 35% por ciento de las empresas que hoy lo son.

Esto es solo el efecto en el sentido del beneficio económico, en aspectos como la unidad de cuentas, hace que factores como el PIB y otros indicadores de valor se distorsionen, evitándose una medida eficiente de la economía.

Pero las cosas van más allá. No tenemos 2 tasas de cambio, sino 5. En dependencia de si se es persona natural, jurídica, la Zona especial de desarrollo del Mariel o cooperativa no agropecuaria, opera un tipo de esta. Esto casi triplica la complejidad del asunto.

Comprender esto, nos muestra la necesidad que representó el uso de la doble moneda, cómo la multiplicidad cambiaria fue y es fuente de ganancias para el Estado y que una desaparición adelantada de este fenoméno, sin tener todas las condiciones creadas, sería peor incluso que la actual doble moneda.