Ser como Fidel

Por: Alejandro Martínez (estudiante universitario)

Un amigo me comentaba sobre sus recientes lecturas de contenido político: El Contrato Social, El Príncipe, entre otros. Algo llamó su atención… Mi Lucha de Adolf Hitler. Ahí encontró un fragmento que en mi lectura de la obra pasé por alto: “Los jueces de este Estado pueden condenarnos tranquilamente… la Historia… romperá un día sonriente esta sentencia, para absolvernos a todos nosotros de culpa y pecado”.

Ciertamente es curioso. Resulta evidente para cualquier cubano la analogía que se pudiera establecer. Es la misma idea con la que se da título al histórico alegato La Historia me Absolverá, del Comandante Fidel. Ya ha sido usado en ocasiones por sus detractores para intentar cuestionarse sus capacidades. Sin embargo, tal comparación en realidad genera un efecto contrario sobre su figura.

Es la misma idea, eso no admite discusión. ¿Quiere decir entonces que estaba Fidel copiando a Hitler? No, claro que no, incluso esa idea puede encontrarse en la obra de Émile Zola. Hay que suponer que Fidel como todo grande de su época leyó Mi Lucha, el Che Guevara también lo leyó y lo cita en su cuaderno de apuntes filosóficos. No se debe desconocer esto, hacerlo le quita respaldo a las ideas de Fidel. Él era un intelectual, tenía que haber leído mucho, debemos estar orgullosos de eso. Fidel no andaba inventando locuras, se nutría de los pensadores de su época, y aun más, no discriminaba, sabía que también debía atender lo que había dicho el diablo. Sin duda, entendía el método electivo de nuestra tradición filosófica.

¿Estamos haciendo igual que Fidel? ¿Cuantos compañeros de lucha sabrán de esto? No es una curiosidad histórica, es un elemento asociado a su formación como revolucionario. Estamos decididos y dispuestos a estudiar, conocer, seguir, y sobre todo, intentar ser como él. Queremos saber todo cuanto hizo, pensó, dijo. ¿Sabemos por qué era así? ¿Cuál fue su alimento espiritual y teórico?

Un viejo proverbio chino, dice que si se quiere ser como el buey, no se debe comer al buey, sino lo que come el buey. Cualquier nutricionista refutaría al instante la invitación de ir pastando como rumiantes. Pero hay que ir ahí, a lo que sirvió de alimento, de formación. No se trata de investigar todos los libros que leyó y repetir el recorrido. La senda está en otra parte. Los tiempos cambian, la idea gira en torno a nuestra preparación.

Con apenas unos años más que nosotros, ya Fidel conocía mucho de pensamiento político y había estudiado algunas de las prácticas revolucionarias más importantes de su época. ¿Cuántos hemos hecho eso? El revolucionario no debe dejar de prepararse, de estudiar a pesar de lo agitada que pueda ser en ocasiones su realidad. Si se quiere ser como Fidel, estudiémoslo entonces, que a su edad ya nos sacaba brecha en lo que había hecho, intentemos alcanzarlo.