La historia de ayer

Por:  Isabel Cristina Lopez Hamze

Se habían conocido en la universidad. Su pasión compartida era la Historia. Se enamoraron entre revoluciones, reformas sindicales, golpes de estado, cambios de poder y manifiestos. Decidieron casarse y se tiraron las fotos de la boda en la tumba de un héroe. Luego escribieron juntos cuatro tomos de Historia.

Él pasaba las horas hojeando sus libros como acariciando los sueños de hombres de otras épocas. Ella buscaba el pan y hacia colas interminables para comprar algún producto en rebaja.

Él, encerrado en su estudio, releía las teorías más influyentes del siglo y les hacía un estudio crítico, quizás para un próximo libro. Ella comparaba las teorías con los precios del mercado.

Él hacia apuntes extraños con fechas y lugares remotos, ella llevaba las cuentas de la casa en las dos monedas.

Cuando quisieron hacer juntos su quinto tomo, él quiso que fuera sobre las Guerras Mundiales, la Reforma Protestante, o la Revolución Francesa. Ella, que había estudiado a fondo las guerras y sus repercusiones, que conocía la fascinante historia de Martín Lutero y sabía de los intríngulis entre Jacobinos y Girondinos, pensó que sería bueno escribir sobre la historia de ayer. Esa que veía acontecer frente a sus ojos cada día y pasaba al olvido sin registros ni estudios críticos.

Ella quería escribir un libro sobre esa historia reciente de hechos minúsculos y personajes secundarios, esa historia de la que somos testigos y de la que nadie, mejor que nosotros, podrá teorizar en los tiempos futuros. Él se enfureció tanto con la actualidad de la propuesta que lanzó al piso los cuatro tomos y fueron descuartizados más de veinte siglos de historia antigua.

Su pasión compartida hizo que engrosaran las estadísticas de divorcio en el país.

Él seguía encerrado en su estudio escribiendo sobre temas “importantes” y ella registraba la historia de ayer entre colas, almendrones, guaguas y precios del mercado. Fue tildada de chanchullera, cazuelera, choricera, chancletera y hasta de ciberchancletera. Mientras él era condecorado con altos honores académicos.

Sin olvidar los sueños de hombres de otras épocas, ella siguió defendiendo la importancia de contar la historia de ayer, esa a la que aún estamos a tiempo de cambiarle el rabo.

Ninguno de los dos volvió a ver aquellas fotos de blanco en la tumba del héroe en la que, por los azares del amor y la fe, se daban la mano la Historia y la historia de ayer.