Trump a Cuba sin novedades

Por: Javier Ortiz

Si un experimento se repite un número de veces y cada vez ofrece el mismo resultado, es muy probable que lo siga haciendo en el futuro, a menos que cambie uno o varios de los factores.

La política de Donald Trump a Cuba va a fracasar porque, a diferencia de Obama (y hasta de Carter), no es un proceso diferente a lo que han hecho sus antecesores. Olvídense de la bravata política y los análisis hechos a la medida del lector: al dejarse llevar por el senador Marco Rubio, la Administración Trump escogió lo mismo con lo mismo y no obtendrá nada, en especial por hacerle caso a un sujeto tan poco informado sobre Cuba como Rubio.

A la isla le dieron un lugar en la lista de horrores mencionada por Trump en su primer discurso ante la Asamblea General de la ONU. Habló de Venezuela, Irán y Corea del Norte. Mientras el 45º Presidente de los Estados Unidos tomaba el camino viejo, la Comisión Bilateral Cuba EE.UU. sesionaba en Washington. Diplomáticos del ministerio cubano de Relaciones Exteriores y funcionarios del Departamento de Estado se veían una vez más, cara a cara.

Que la referencia a Cuba en el discurso de Trump coincidiera con la reunión de esa Comisión, es un ejemplo de las diferencias entre el pasado y el presente en desarrollo. Mientras funcionarios de los dos gobiernos se ponían de acuerdo para resolver problemas de interés mutuo (como los incidentes que afectaron la salud del personal diplomático estadounidense en La Habana), el Donald recordaba el camino que durante décadas no llevó a ninguna parte.

Donald Trump no le dice a Cuba nada nuevo. En la ONU, el Presidente de los Estados Unidos repitió las líneas de Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Reagan, Bush padre, Clinton y Bush junior. A Raúl Castro y los altos cargos cubanos, Trump les debe sonar a disco rayado. Con otra música bailaron las Administraciones de Carter y Obama, que vieron más allá, pero sin renunciar al veneno retórico.

Cambiar la normalización por más bloqueo es una receta descartada de tozudez bruta. Vender viejas amenazas como una novedad, en un teatro de Miami o en el podio de las Naciones Unidas, es una estafa, un mal negocio para el consumidor: a bad deal.

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