¿Y del cambio de mentalidad qué?

Por: Mario Valdés Navia

Elemento cardinal de la Actualización del modelo socialista en Cuba es el cambio de mentalidad, cuestión particularmente difícil de medir por su carácter subjetivo y la falta de variables que permitan identificar su progresión. En principio creo que nadie sabe realmente cuál es el cambio de mentalidad que se pretende lograr. Si el objetivo es que los trabajadores y dirigentes se vuelvan productivos, eficientes y ecológicos a partir de las exhortaciones y consignas al respecto, aun cuando sean emitidas por dirigentes de la Generación Histórica en visitas a centros y comunidades, bien podemos sentarnos a esperar porque el proceso va a ser largo y lo más probable es que no se llegue a nada concreto.

Lo cierto es que en la burocracia y el resto de los trabajadores ha arraigado durante décadas un habitus de pensamiento y modos de actuación que ha funcionado –para bien y para mal- y nos ha traído hasta aquí, y eso no va a cambiar porque se emitan orientaciones “novedosas” que entran en contradicción con la realidad del día a día.

Por eso es que los periodistas se cuidan de apuntar las flechas de sus críticas más allá de las dianas tradicionales (gastronomía, cuentapropistas, comunales, construcciones atrasadas…); los dirigentes siguen atareados en sus sempiternas ocupaciones (reuniones, implementación de orientaciones, elaboración de informes…), ajenos a los problemas de la gente de a pie; y la mayoría de los trabajadores continúan laborando a media máquina en sus ocupaciones oficiales, bajo el criterio ampliamente compartido de que: “el estado se hace el que te paga y tú te haces el que trabajas”.

Creo que la nueva mentalidad es difícil de modelar, ante todo, porque no está claro cuál es el proyecto de socialismo que queremos y que podemos construir en el contexto de la Cuba actual, a pesar del rosario de buenas intenciones que contienen los “Lineamientos” y el exagerado optimismo que alienta al “Plan Estratégico hasta el 2030”. Eso tiene que ver también con la persistente indefinición del socialismo cubano y sus posibles modificaciones, según la clasificación actual más corriente que divide los modelos de socialismo en tres tendencias: de estado (Cuba, RPDC); de mercado (RPCh, Viet-Nam) y autogestionario (experiencias latinoamericanas).

Lo más importante es que la convocatoria a cambiar la mentalidad no ha calado en las clases trabajadoras, ni siquiera a nivel de empresas, a pesar de que los medios reporten algunos ejemplos ocasionales extraídos con pinzas y fruto de “experimentos” que -aunque casi nunca se declara- habían incrementado sustancialmente los ingresos de los empleados de la organización.

Sostengo que este añorado cambio de mentalidad no marcará una tendencia predominante hasta que la lucha contra el dominio burocrático no pase al orden del día y cualquier esfuerzo de obreros, campesinos e intelectuales por enfrentarlo deje de estrellarse, inexorablemente, contra los privilegios de los magnates burocráticos, principales elementos de freno para el florecimiento de una conciencia crítica, productiva y democrática, ajena a la cobardía y la doble moral que impone este tipo de hegemonía.

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