La renuncia

En 1922, el magistrado Trelles recomienda a Pablo de la Torriente Brau para trabajar en el apartamento de Adeudos del Ministerio de Hacienda, que entonces se llamaba Secretaría.

El sueldo que percibía era de 166 pesos al mes, prácticamente una fortuna en aquellos tiempos, y más en la situación en la que estábamos nosotros.

A los dos meses exactos del nombramiento, se presenta Pablo ante el doctor Trelles y le dice:

—Vengo a informarle que ya no estoy trabajando. He renunciado al puesto.

Sorprendido, el doctor Trelles le pregunta:

—Pero, ¿has tenido algún disgusto en el trabajo? Mira que es un buen sueldo…

—Precisamente —responde Pablo—. Es demasiado sueldo para no hacer nada… Y yo soy demasiado joven para ser tan desvergonzado y cobrar sin trabajar.

Tomado de: CubaEduca

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