Palabras de amor a un liniero

Humberto Lister / El Artemiseño

Por: Isabel Cristina Lopez Hamze

Después de días y noches sin corriente eléctrica, alumbrándonos con velas y comiendo pan tostado, como en un extraño ritual, nuestro más grande anhelo es que venga la luz. Con ella vendrán el agua, el aire y el fuego. Llegarán con la luz los muñequitos, las noticias, los durofríos, las papitas fritas, el trabajo, la escuela, los teatros, la música y nuestra alegría de vivir.

Entonces llega la corriente y todos gritamos al unísono, frenéticos y emocionados. Sin embargo, en nuestro entusiasmo infantil, no percibimos la luz está en tus manos callosas. 

Nuestra alegría está en tu agilidad para trepar postes, en tu casco amarillo, en tu estampa heroica allá arriba, en lo alto, entre cables, poleas y herramientas. En tu inteligencia y tu valentía para andar tranquilo entre circuitos y trifásicas. 

Me pregunto si ya habrá llegado la luz en tu casa. Si una amante esposa te espera anhelante como si tú fueras su luz. Me pregunto si te gustará Sabina o Mark Anthony o Buena Fe. Si escribirás cartas de amor para tus novias ausentes. Si te pondrás feliz cada vez que traes la luz a la gente y si sabrás que esos gritos de emoción son para ti. 

Yo te regalo mis gritos y te doy las gracias por iluminar mis días y beso tu mano que me trajo el milagro de la luz.

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