Arnaldo Mirabal

Foto tomada del Facebook de Arnaldo Mirabal

Por: Lilibeth Alfonso

Arnaldo le tiene miedo a las alturas y a alguna otra cosa de la que no me acuerdo, pero no a la vida, no al periodismo, no a las verdades. Arnaldo escribe con el corazón y con las tripas. Llora. Sueña. Se levanta.

La objetividad según la entiende es pie en tierra y oído atento, es pueblo que habla y siente. Es verdad. Es lógica. Es justicia, no importa si no está en papeles.

Arnaldo tiene una madre que es “pura” y brújula. Pocas cosas materiales, muchos amigos, el fondo de una botella donde a veces pone a nadar las penas , la guerrilla y los guerrilleros. Tiene unos ojos buenos, que parece que siempre estuvieran cansados, y un abrazo, sobre todo un abrazo para el amigo, para el desvalido, para la pobre vieja, para el hombre que caza cocodrilos y al final de la jornada solo el pecho tiene para afrontar la vida.

Arnaldo es un hombrecito grande, pero sensible como chiquilla de secundaria. Sus retratos de pueblos lejanos y perdidos, que no es la misma cosa, tienen sabor a polvo y a ron del malo, porque Arnaldo no solo cuenta, vive y vibra. Comparte el agua con sabor a salitre o a sapitos. Carga lo que sea necesario y si lo dejan sería capaz de salir caminando para que alguien más no tenga que hacer los kilómetros.

Pero sobre todo, es un tipo a todas. Arnaldo tiene mano firme para lo que está mal, no importa si está escrito, si alguien de arriba salió diciendo lo contrario, si sabe que le traerá líos.

Sabe, entre muchas otras cosas, que un periodista que se respete casi nunca es bien querido por quienes tienen el poder, no importa que sea un poder grande o pequeñito, y que los buenos y mejores afectos solo le llegarán del pueblo que lee bajo su nombre lo que quiere leer, lo que le inquieta, algunas de las opiniones que comparte. Y está conforme con ello.

Aprendió bien a tiempo que la realidad se impone, y que su deber es afrontarla, contarla, mirarla por los costados, de frente. No tiene responsabilidad por el bache ni por la injusticia. Él, solo escribe lo que está, lo que alguien dejó de hacer, lo que otro descuidó, y le duele a algún cubano, no importa dónde esté.

Claro que sabe que no le faltarán los vientos en contra. Los que quieran virarle los cañones por denunciar algo, como si él lo hubiera inventado, como si la denuncia fuera el problema, y no solo la consecuencia del problema real.

Y por eso escribe de lo que muchos no escribimos. Habla de corrupción. Critica decisiones tomadas. Pone balanzas sobre la mesa cuando el desequilibro asoma. Se aleja de fanatismos y de poses, él, que lleva al Che tatuado como se debe, siempre a la izquierda.

Por eso, cuando en las reuniones de la UPEC se repite que tenemos que acercarnos al pueblo, escribir del panadero, de la señora de la esquina…, cuando Raúl Castro habló de la prensa y de que tiene que ser valiente y crítica, cada vez que alguien habla de lo que nos falta y lo que nos sobra en cuestión de periodismo, pienso en Arnaldo.

Tiene, podrán imaginarlo, muchas batallas vividas, con todo y cicatrices. Algunas muy largas y profundas. Una de esas, supongo, escribió por él, hace unos días, que se iba del periodismo, luego de que denunciara un caso de corrupción en Matanzas que se silenció cuando, opina, es derecho del pueblo saber qué, cómo, donde, cuándo, por qué…, y advierte que “alguien” le pronosticó reprimendas. No fueron legales los palos, finalmente, pero no salió ileso*.

Arnaldo, que vive el periodismo como nadie que conozca, dice que se va de la profesión que ama y yo, que ahora mismo sufro mis propios dolores me digo, para él, para mí, que uno nunca se va de lo que ama.

Arnaldo Mirabal, por si no lo habían notado, es mi amigo…, para los que preguntan.

*Cuando ya le ponía el punto final a este post, me llegó la noticia de que Arnaldo se despedía de su blog Revolución, un blog crítico, certero y revolucionario. Supongo que ahora habrá mucha gente queriéndole señalar manchas a Arnaldo, y a su historia. Ahora más que nunca, quienes lo conocemos, quienes luchamos con él por un país mejor, debemos estar a su lado, debemos guardarlo de la mala intención y los troles entusiastas de teclados anónimos. Yo, creo que está de más, creo en Arnaldo, sé quién es, qué quiere y qué no será nunca. “La mayor irresponsabilidad siempre será callarse”, dice en su último post. La mayor irresponsabilidad siempre será callarse.  https://arnaldobal.wordpress.com/2017/09/06/la-angustia-de-chivas-o-el-ultimo-post/

Tomado de: La esquina de Lilith