¿En qué beneficia una participación más activa en los temas políticos?


Por: José Alemán Mesa

Un buen amigo me decía, hace como siete años, que era importante que yo le hiciera caso a “eso de la política”. Decía que un periodista, por admisión propia, debía sentirse político.

Pero, con 16 años tenía cosas más importantes que hacer. La escuela, el trabajo, los vecinos, los proyectos de vida… No era capaz de comprender la transversalidad de la política en la familia, centro de enseñanza, vecinos, proyecto de vida. “A mí, ¿qué me importa eso? Los políticos nada más pierden el tiempo”, pude haber dicho varias veces.

Eso sí, ya era lo suficientemente mayorcito como para darme cuenta de parte de la corrupción que envuelve a nuestros representantes. Cuando a mi alrededor se debatía sobre política una de esas frases que sobresalía era que la política es sucia, y crecí buscándole las manchas, no la forma de implicarme en su limpieza. Muchos debieron crecer en ese mismo sentido.

La evidencia es vasta y diversa: los representantes indignos, el mal uso de recursos, el descarado cinismo (o tal vez indiferencia) de algunos políticos ante el sufrimiento del pueblo… aunque esto, debo reconocerlo, no es actividad de todos los días. Tal vez por eso, al ciudadano promedio de hoy, poco le importa ocupar cargos ni en el más bajo de los peldaños dentro de su sistema político. La apatía en este sector no es cosa de pocos y si preocupación de muchos.

El punto es: ¿en qué nos beneficia una participación más activa en los temas del ramo político? La respuesta es sencilla: porque el valiente vive hasta que el cobarde quiere. ¿Por qué tenemos políticos corruptos y cínicos? Fácil: porque los dejamos. ¿Por qué se derrochan tanto dinero en banalidades, una y otra vez? Porque han aprendido que poco se les cuestiona. ¿Cómo logran ascender esos políticos tan terribles? Porque nadie protesta o las inconformidades son disimuladas, porque dejamos que los acomoden en sus puestos.

Ahora sé, y me interesa saber más, que toca también a la política resolver los problemas que le plantea la convivencia colectiva. Que no participamos más activamente, con espíritu innovador, en nuestros asuntos sobre política porque, desagraciadamente, existe cierta decepción acumulada ante los pocos avances  en el nivel de vida de las mayorías. Sé que muchos han terminado por asumir la postura de que no vale la pena decir ni hacer nada.

Si queremos salir del estado actual de cosas en que se encuentra el país en lo económico, político y social, tenemos que actuar, romper la apatía de los que han perdido las esperanzas, incentivar la participación, la emisión de opiniones y el combate a las violaciones de los derechos de los demás. Cada cubano debe reconocerse líder, político, no importa lo que otros consideren, no importa que existan absurdas disposiciones o ignorantes sujetos que lo ciñan o impidan.

Cada cubano debe buscar la forma de sentirse parte. La participación en las decisiones, más allá de los debates debe invadir todos los espacios que nos conciernen. Debemos aprender a reclamar en todos los lugares posibles.

Sin el pueblo y su inserción en la vida política del sistema no podremos alcanzar un nivel de desarrollo democrático superior. La principal calidad del sistema político cubano es su capacidad para el constante perfeccionamiento en función de las necesidades planteadas, pero ello depende grandemente de la participación plena, verdadera y sistemática del pueblo en la dirección y el control de la sociedad, esencia de nuestra y  toda democracia.

Tomado de: El cincel silente