Los caminos del antimperialismo

Por: Harold Cárdenas Lema

Está enrolado en el ejército de Estados Unidos y se prepara para salir a la guerra. Sube a un barco de la marina pero antes de partir un amigo de su padre alcanza a bajarlo. No tiene edad suficiente para alistarse, pero quería luchar. El joven cubano está destinado a convertirse en el más antimperialista de su tiempo. Su nombre es Julio Antonio Mella.

Los caminos del antimperialismo tienen comienzos inesperados. Las primeras palabras del pequeño Tony Guiteras fueron I want to go out, luego sería calificado por la revista Time como “el más antinorteamericano y antimperialista”. Años después otro niño enviaba una carta en inglés al presidente Roosevelt expresando admiración, su nombre era Fidel Castro y sería un líder antimperialista el resto de su vida. La lucha contra la dominación y la desigualdad es hija del pensamiento político, no el consignismo y el adoctrinamiento.

En su momento la Enmienda Platt convirtió la inmensa mayoría de los cubanos en anti injerencistas. Tanto fue así que cuando Estrada Palma apoyó la segunda intervención militar en Cuba, le costó su carrera. Desde entonces proliferaron antimperialistas de corte liberal positivista como Emilio Roig, Ramiro Guerra o Fernando Ortiz. La intelectualidad cubana llegó a ser profundamente antimperialista, incluso aquellos que no eran marxistas.

La generación más influenciada por el capitalismo y los códigos culturales estadounidenses hizo la Revolución, e incluso antes del triunfo veían venir una lucha mayor contra las fuerzas dominantes en el mundo. El antimperialismo era una actitud política natural en amplios sectores sociales, que primero asumieron esta posición y luego leyeron los manuales de marxismo-leninismo. El socialismo autóctono de Mella, Guiteras y Roa, demostró ser el camino correcto. Los mayores errores del movimiento revolucionario cubano, fueron al intentar aplicar en Cuba los métodos provenientes de Moscú, que priorizaba los intereses de la URSS por encima de la lucha antimperialista y la liberación nacional de los pueblos.

La pelea de medio siglo entre Cuba y los sectores dominantes de la política estadounidense, terminó convirtiendo la isla en un símbolo antimperialista, pero no hay combate sin costo. La isla vería nacer y desaparecer aliados políticos sin que ocurriera la anunciada revolución mundial, y los cubanos serían los más sistemáticos en resistir esos embates.

Con la Revolución en el poder, mucho de lo que antes era espontáneo ahora comenzó a ser planificado. Queda pendiente estudiar el efecto que ha tenido la inyección paternalista de antimperialismo en el pueblo, y cuánto esto puede dañar la espontaneidad e iniciativa social. Queda pendiente una mirada profunda sobre el imperialismo que no simplifique el fenómeno en Estados Unidos sino descifre las fuerzas dominantes y las liberadoras en todos los países con intenciones de dominación. No hay países malos, sí malos políticos.

Los caminos del antimperialismo deben conducirse sobre la base del pensamiento, no el entusiasmo ignorante o la disciplina. Cuando triunfó la Revolución se eliminó el nombre de Narciso López en muchas calles de La Habana, se derrumbaron estatuas de presidentes republicanos en la calle G del Vedado y sin embargo, mantuvimos una barriada con el nombre de Lawton, general estadounidense que participó en la intervención militar a la isla, símbolo del imperialismo puesto en práctica.

Mucho habría para decir sobre el tema, el punto es que la vida es más rica que nuestros esquemas, los caminos del antimperialismo también.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com