Hablando claro… de política


Por: Osmany Sánchez

Las revoluciones no se hacen con los que no lo son. Lo dijo Martí el 21 de noviembre de 1893 y es una verdad tan grande como una casa. A veces siento que dedicamos demasiadas energías y tiempo inventando términos y definiciones para excluir a los que no comparten nuestro proyecto social cuando bastaría con definir lo que queremos, explicarlo bien y que los demás decidan si se incluyen y construyen o se quedan fuera.

Sí, es cierto, esto no suena nada bien, no es políticamente correcto, pero es bueno que queden las cosas claras. ¿suena bien o políticamente correcto lo que hace la derecha cuando llega al poder? El golpe de estado en Venezuela en el 2003, la violencia de la oposición ahora, Brasil, Argentina…sobran los ejemplos, por lo tanto, nunca ha sido tan cierto aquello de que a la contrarrevolución no se le puede dar “pero ni tantito así”.

Después de casi seis décadas, todo el mundo tiene claro que el nuestro es un proyecto progresista, de izquierda, socialista, comunista o como le quieran llamar, pero un proyecto de pueblo, de mayoría, una mayoría con poder de decidir no como antes de 1959 en Cuba o en la actualidad en otros países de nuestra área.

Hay que hablar claro. Menos lenguaje académico, menos intenciones de acuñar términos para el futuro y dedicar más tiempo a explicar las cosas del presente. He leído varios artículos que abordan la necesidad de hacer reformas en la constitución, pero son tan complicados, tienen tantos tecnicismos que al final me quedo con la duda de qué será lo que realmente están pidiendo. O en algunos casos si será que lo que quieren no lo pueden decir abiertamente.

En el libro “Socialismo Traicionado, Tras el colapso de la Unión Soviética 1917-1991” de los autores Roger Keeran y Thomas Kenny, se plantea que el derrocamiento del socialismo en la Unión Soviética de debió a cinco procesos concretos: liquidación del partido; entrega de los medios de comunicación a las fuerzas antisocialistas; privatización y mercantilización de la propiedad estatal y social planificada centralmente; separatismo desatado y la rendición ante el imperialismo de los Estados Unidos.

Obviamente el separatismo no es un problema en el contexto cubano, pero ¿nos protege nuestra constitución del resto? Los cambios que necesitamos en la constitución son aquellos que se necesiten para fortalecer y hacer irreversible nuestro proyecto social, no para horadarlo.

Si alguna vez pudiera ocurrir algo que efectivamente erosionara la unidad y la eficacia del Partido como un instrumento político, la Rusia soviética pudiera ser transformable de la noche a la mañana de una de las más fuertes en una de las más débiles y lastimosas sociedades nacionales” ¿Quién dijo esto? Pues George Kennan nada más y nada menos que en 1947.

Un solo partido, el Partido Comunista de Cuba que no es un partido exclusivo, de una élite sino del pueblo. Cuando escucho a alguien decir que no se siente representado por el Partido me pregunto qué entiende por representación. Si militan los obreros, los intelectuales, los campesinos, los estudiantes… ¿entonces quién se queda fuera? ¿quién no está representado?

¿Tenemos o no razones para defender nuestro Partido Comunista como factor de unidad? Por supuesto que sí. Esa ha sido la gran diferencia entre conservar la soberanía como hasta ahora o regresar al status bananero de antes de 1959 o lo que vemos hoy en muchos países “democráticos”.

De todas formas y ateniéndome al título del post, quiero un solo partido porque sobran los ejemplos de que varios partidos no son garantías para mayor democracia, al contrario, todo se reduce a una lucha por el poder mientras aquel que está en la oposición hace lo imposible por entorpecer la labor del gobierno, apostando por ser beneficiado por el voto de castigo dentro de cuatro o seis años. ¿es eso democracia? No la quiero.

Para preservar el socialismo se debe regular –no prohibir- la propiedad privada, y sobre todo prevenir y luchar contra la corrupción en las filas del partido y el gobierno. En el libro mencionado antes se plantea que no hacen falta nuevas normas del Partido, más estrictas, sino mantener y cumplir las existentes.

Si andan en tratos con la derecha; si son apadrinados por grupos en Miami con pasado terrorista; si utilizan los medios creados y pagados por el gobierno de los Estados Unidos para denigrar a la revolución cubana; si de manera explícita o mediante subterfugios se plantean el cambio de gobierno en Cuba entonces, no importa si están en el centro o en una esquina porque con esos no podemos hacer Revolución.

Para contactar con el autor: jimmy@umcc.cu   En Twitter: @JimmydeCuba