Sobre los campos de golf en Cuba


Por: Rodolfo Alpízar Castillo

Primero fue a escondidas. Nos enterábamos, los que nos enterábamos, porque algunos amigos nos hacían llegar la información desde otros países.

Después fue por goteo, para ir preparando las mentes. Para que la gente fuera acondicionándose a la nueva realidad. Ahora es a viva voz: Información por el NTV del domingo al mediodía, máxima teleaudiencia.

¡Campeonato de golf en Cuba!

Con lujo de detalles y hasta entrevistas. Solo no dijeron cuántos participantes son de La Cuevita, La Jata o Pogolotti.

Sigue en susurros, sin embargo, la construcción de los campos de golf. Solo se nos avisa que se construirán, pues Cuba solo cuenta con un campo de 18 hoyos, los demás son pequeños.

Por la misma vía que se supo de los campeonatos en Cuba se han ido filtrando noticias de, por ejemplo, préstamos millonarios a que el país ha debido recurrir para la construcción de nuevos campos de golf. Pero ya se va publicando algo, ya no hace tanta falta el secretismo. Por ejemplo, el 28 de marzo, la Agencia Cubana de Noticias publicó en su sitio web que:

“Cuba aprobó una empresa mixta con España para desarrollar, en la zona pinareña de Punta Colorada, un complejo inmobiliario vinculado a la actividad del golf, que por su extensión será uno de los más grandes de Latinoamérica”.

Esto es, no cualquier “campito”, sino uno de los mayores de Latinoamérica. Los cubanos no nos andamos con boberías.

En cuanto crecerá nuestra deuda externa gracias a ello no es tema que valga la pena sacar a relucir: ¡No será tanto!

(Esperemos que Punta Colorada no sea ninguna reserva natural, porque quedará bastante desnaturalizada).

Si buscamos en la Wikipedia, nos enteramos de que construir un campo de golf no es cosa de coser y cantar, por la calidad de los materiales, por el equipamiento, por el mantenimiento y por las certificaciones que debe obtener, entre otros requisitos.

¡No era nada lo del ojo!

Resulta que, según los ecologistas, “un campo de golf de 18 hoyos consume tanta agua como una ciudad de doscientos mil habitantes”. Por otra parte, “Se estima que el coste anual de mantenimiento de un campo de golf oscila entre los 400.000 y 2 millones de euros al año, dando por término medio empleo a 30 trabajadores”.

 (Fuente: Rebelión, martes 31 de marzo del 2015).

¡Ahí es nada!

Y es nada porque todos los días oímos que casi no llueve en Cuba, que las presas están deprimidas (hasta ellas…, ¡y quién no!), etc. Todos los días nos llaman al ahorro de agua (aunque cuesta un ojo de la cara comprar lo necesario para eliminar un simple salidero), nos avisan de medidas extraordinarias en este lugar o en aquel para enfrentar la situación.

En fin, estamos en alarma hídrica.

Siendo, ¿cómo se combina la creación de más de diez campos de golf, altos consumidores de agua, con la sequía? ¿Se utilizarán aguas albañales recicladas? ¿Se importarán potentes plantas desalinizadoras?

¿Y eso cuánto nuevo endeudamiento significa para el país?

Lamento no ser economista para convencerme de que todo está bien así, que gracias a esa inversión en campos de golf el país la situación económica de Cuba mejorará sustancialmente… ¡Y quizás hasta podamos salir del subdesarrollo!

Y la gente de la Jata, La Cuevita y Pogolotti podrá tener sus campeones de golf, porque esas inversiones se hacen pensando en ellos…

Ahora, ¿solo el elemento material (sequía, endeudamiento) está en el juego?

¿Qué hay del elemento ideológico?

No hace mucho, hubo un alboroto por la foto en que se veía una casa cubana con la bandera norteamericana flotando. Por otra parte, un provocador tuvo a bien salir corriendo con la bandera norteamericana el primero de mayo.

La historia de las relaciones cubano-norteamericanas está llena de hechos que justifican por qué la inmensa mayoría del pueblo repudia esas demostraciones de amor por los Estados Unidos.

Pero, en realidad, esas dos demostraciones no significan nada. No nos hace permeables a la ideología de Estados Unidos, ni nos introduce sus costumbres ni sus modos de pensar o sus tradiciones (si buenas o malas, no importa; son las de ellos, no las nuestras). Millones de cubanos, incluidos los que no comulgan con el proyecto actual de país, son patriotas de corazón y no cambiarían su bandera por ninguna otra.

Significa mucho, en cambio:

a) que ya haya escuelas donde los niños, orientados por sus maestros, y con la anuencia de sus progenitores, se disfracen el día de Halloween y lo celebren como los niños norteamericanos,

b) que en las escuelas los niños que aprendieron a leer en este curso hayan tenido que ponerse en la cabeza, para celebrarlo, el birrete usual en las escuelas norteamericanas. (Birretes que sus padres tuvieron que conseguir de alguna manera, desde luego). Ese fue un ensayo; es muy posible que a partir de ahora todas las graduaciones en Cuba se hagan al estilo norteamericano.

Para completar, se endeuda más todavía al país, y se agudiza más la problemática del agua, “popularizando” la práctica de golf, otra costumbre norteamericana (aunque sabemos que no será “el pueblo trabajador” quien se gaste alrededor de mil dólares para participar en un campeonato, ni quien tenga dinero suficiente para adquirir el equipamiento imprescindible para el entrenamiento).

Y el golf, es, precisamente, un deporte que, durante décadas, nuestros dirigentes nos enseñaron a tener como el símbolo de la Norteamérica de los grandes magnates. No la de Lincoln, sino la de Cutting, la que Martí temía.