El pan nuestro

Por: Manuel Roblejo Proenza

Me gustan los términos próspero y sostenible; pero confieso que más me ilusiona próspero. Nuestro sistema político y social se ha propuesto llegar a esta meta, para muchos utópica, con la conformidad, la unión y la colaboración de la mayoría de los cubanos. Está de más decir que todos soñamos con una sociedad en que no solo nuestras necesidades básicas se vean resueltas; sino también donde se respire un ambiente de crecimiento, de bonanza, y de esperanza en que ambas cosas perduren, en compañía de la justicia social que ya hemos alcanzado.

Para eso nos levantamos, cada mañana, y nos vamos a trabajar. A producir. A crear. A innovar. A dar. Y a ganarnos el pan.

Sin embargo pareciera que nuestra contribución nunca bastara, que siempre se diluyera en facturas simbólicas y conspiraciones fantasmas. Que todo el esfuerzo del mundo no bastara para terminar, de una vez por todas, con la parte que nos toca en la infelicidad de la gente.

¿Hacia dónde vamos? ¿Cuál es nuestro proyecto concreto? Más allá de los archiconocidos lineamientos y los largos discursos de las organizaciones de masa, ¿qué tenemos realmente planeado?

En la última rendición de cuentas mi delegado respondió dos veces con “eso es una política de estado” a sendas quejas de una vecina, que vio sepultadas sus inquietudes, ante esa muralla que representa una decisión que no se puede discutir. ¿No es el delegado un servidor? ¿No está ahí para representar, hacer y responder por eso? Si a la gente común se le contesta así, pareciera que realmente estuviéramos ante la verdadera rendición; la gente no se siente en el poder, abandona antes de empezar, no cree, y, mucho menos, forma parte de la acción.

A niveles superiores sucede más o menos igual. Se da alguna que otra información, pero todo muy disperso, enrevesado e impersonal; dando muchas veces la impresión de que es eso precisamente lo que se quiere: que la gente acepte las “políticas” y sigan su camino, sin criticar.

Deben perdonarlo y entenderlo todo. ¿No será demasiado pedir?

Habría que preguntarse si es tan difícil acercarse a la gente y explicarles qué es lo que vamos a hacer este mes con la situación del agua, de las papas y de la basura. Si es tan difícil que aparezcan en nuestra prensa, con más frecuencia, esas noticias esperanzadoras que todo el mundo espera, y no sólo las novedades locales de sobrecumplimientos obligatorios y reafirmaciones clonadas.

Hay que hablarle claro a la gente, explicarles, convocarlos. Sería bueno volver sobre la costumbre de nombrar los años con la tarea que realmente todos necesitemos: “Año de la siembra de yuca”, “Año de la pesca decisiva”, “Año del turismo libre”, “Año de la verdad”.

No puede ser que todo el tabaco que se produce, las ganancias de nuestras industrias, los aportes de los galenos o la recaudación ya casi masiva de ETECSA, no se conviertan en algo tangible en la mesa y en el bolsillo de esa gente que, todos los días, se levanta esperanzada en que hoy será el día en que el noticiero anuncie que este año será mejor.

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