El discreto encanto de la tontería


Por: Harold Cárdenas Lema

Expulsar alguien de la universidad porque no sea revolucionario se asemeja a los actos de repudio a las “Damas de Blanco”: Nunca han funcionado, son moralmente cuestionables y generan un problema mayor; su artificialidad lastra la reacción real de la sociedad y dan una imagen de país represor. Si existe un consenso en contra, ¿por qué hacerlo?

En la UCLV han expulsado una muchacha por pertenecer a una organización contraria al Estado. De un golpe han logrado dos cosas difíciles: crearle un mártir a la oposición y generar empatía hacia ellos. Ahora, la mayor victoria política de “este movimiento” en lo que va de año, pareciera ser cortesía de la FEU, pero no lo es. Conociendo cómo funcionamos en Cuba, la medida debe haber contado con un padrinazgo superior, el visto bueno de otras organizaciones que debieron ser más responsables.

En las universidades siempre hay gente a favor y en contra, pero nunca se expulsa a nadie sin una indicación superior. Los lazos personales que se forman entre los jóvenes de estas instituciones, van más allá de la política. Expulsar uno de ellos, es el mismo absurdo que cuando debíamos sancionar simbólicamente a quien emigraba del país, una orientación impopular y tonta que debimos soportar hasta que cayó por su propio peso. ¿Cuánto demorará en eliminarse este otro absurdo?

La Revolución cubana se planteó desde un inicio dar iguales oportunidades a todos y terminar con el sistema previo que marginaba amplios sectores populares. Si nos planteamos marginar a los que tienen otros credos políticos, ¿acaso somos mejores que ellos?

El mejor sistema político no es el que niega el anterior, sino el que lo supera. Si el socialismo cubano se planteó superar la exclusión del capitalismo, ¿acaso esto no incluye a las universidades? Puede parecer contradictorio pagarle los estudios a quien reniega de tu sistema, pero de ahí nace precisamente una autoridad moral superior.

El encanto oculto de medidas absurdas como esta, es que cuando se hacen siguiendo las reglas, traen más premios y promociones que sanciones. Gritar irracionalmente, repetir consignas vacías, mostrar mano dura y ser bien dócil, es a menudo el camino del éxito.

Cuando se aplica el axioma de que la universidad es solo para los revolucionarios, algunos creen estar cumpliendo con su deber, cuando en realidad están dañando instituciones. En Cuba el acceso a la universidad es un derecho de todos, hacer marginaciones políticas solo provoca el rechazo silente en los estudiantes, y provocando esto será muy difícil formar revolucionario alguno.

Siempre habrá los que no comulguen con las ideas socialistas, muchos de ellos se gradúan en nuestras universidades sin esconderlo demasiado. Hoy se sanciona a una muchacha que lo expresa abiertamente, quizás el problema sea ese entonces, el decir lo que otros saben ocultar hasta graduarse. Pongamos un nuevo slogan entonces en los centros de altos estudios: “sea hipócrita por cinco años y podrá ser un disidente culto el resto de su vida”. ¿Es ese el país que queremos construir?

Sobre este tema, los más disciplinados guardarán silencio por no tener “todos los elementos”, los más críticos lo usarán para sacar ventaja política y el resto observaremos a la oposición anotarse un tanto no por mérito propio sino por una política absurda. Las expulsiones universitarias no son cosa nueva, el slogan de la marginación ha funcionado mucho tiempo bajo el radar de la opinión pública, creando más problemas de los que soluciona.

Expulsar alguien de la universidad porque no sea revolucionario es como quitarle la libreta de abastecimientos a una “Dama de Blanco”, una tontería que pretende escamotear derechos conquistados para todos. Quienes ganan con esto son los críticos del socialismo, que ahora tienen un símbolo, una campaña más y un tanto a favor del desaliento. Por favor, alguien explique a los que trabajan construyendo ideología en Cuba, que la universidad pertenece a los revolucionarios desde el 59, pero hoy más que nunca debe estar al alcance de todos.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com