Solidaridad y lágrimas

Por: Harold Cárdenas Lema

Los cubanos hemos sacrificado mucho en aras de la solidaridad y un poco de prosperidad. La exportación de servicios profesionales ha sido el primer renglón económico por mucho tiempo pero en algunos la distancia provoca el desarraigo, la emigración, matrimonios destruidos e infidelidades ocultas. Como diría el personaje de Memorias del Subdesarrollo: es una dignidad muy cara, pero también puede sacar lo mejor de nosotros. Afuera se valora todo aquello que damos por sentado; la familia que nos espera, la seguridad pública, el valor de la salud, la educación, el tener un problema y contar con un vecino o un amigo. Todo lo que para nosotros es “normal” y no lo es. Lástima que debamos descubrir fuera que este país con un salario decente y un consumo básico, es un buen lugar para vivir.

En las “misiones” la mayoría trabajan varios años y vuelven a Cuba. También están los que no regresan, cruzando fronteras y arriesgando sus vidas para cumplir sueños materiales. Porque sí, ser es más importante que tener, pero cerrar los ojos a las urgencias materiales es un ejercicio antimarxista. Hay una diferencia entre quien se marcha del lugar donde es necesario, incluso con recursos que no les pertenecen, y quien al terminar su misión desea hacer una vida nueva allí o en otra parte. Conozco ambos casos, quizás el discurso político pueda llamarles traidores a los dos, pero el derecho a vivir donde queramos sigue siendo inalienable y decoroso cuando la salida es honrada.

Todavía se califica de “desertor” a quien después de varios años en un país pobre, el día antes de regresar a Cuba decide irse a otra parte. Los valores formados no desaparecen de un día para otro, ni es una cuestión ideológica, por lo general emigra quien tiene una peor circunstancia a su regreso. Su sacrificio no es menos que el de los demás y los años que estuvo trabajando no dejan de ser solidarios. Se acabó el tiempo donde los conceptos eran dentro o fuera, conmigo o contra mí. ¿Cuántos emigrados cubanos no son socialistas, revolucionarios o sencillamente patriotas? ¿Cuántos no quisieran ayudar a su país y no les hemos creado la manera de hacerlo?

Es absurdo construir enemigos innecesariamente y nada hace más daño que convertir esto en política de Estado. El día que nuestro discurso político sea más maduro, entenderemos que nuestros mayores aliados en el mundo no son los otros gobiernos ni grupos de solidaridad, sino la gente nuestra que vive allí. Con los que hemos fallado históricamente en conectar positivamente, pero eso es tema para otro escrito. Cuba sigue hoy sembrando semillas de solidaridad en los países que ayuda. Recientemente una amiga salió de misión, el viaje no permitía ahorrar un centavo sino que era un riesgo total por la situación que vive ese país, otros lo evitaron pero ella fue. La generación de mis padres llama a eso “satisfacción del deber cumplido”, para nosotros es un concepto olvidado.

Hace poco mi primo salió en una misión médica a Venezuela. Pasa antes por mi casa, cena en familia y antes de irse llama un momento a Santa Clara. Se sienta con la cabeza gacha y le escucho decir en voz baja: “no, no lo pongas al teléfono…” Se le quiebra la voz y rompe a llorar con el auricular en la mano. Mi primo tiene el tamaño y los músculos que a mí me faltan, no recuerdo haberlo visto llorar antes. Ponerle su hijo al teléfono fue demasiado para él. Mientras nos despedimos pienso cómo le espera más sacrificio que prosperidad, pienso en la solidaridad de este país y las lágrimas que eso cuesta. Siento tremendo orgullo, pero es una dignidad muy cara.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com

Anuncios