El psicólogo cubano

Por: Yanquiel Barrios Hernández

El término verdad se refiere a una realidad o a una proposición. Se habla entonces de una verdad ontológica o de una verdad lógica. En el primer caso decimos que una cosa es verdad, para indicar que no se trata de una ilusión, de una apariencia, siendo entonces la verdad idéntica a la realidad, a las cosas tal y como son.

El segundo caso considera que la verdad es una propiedad del enunciado, de la proposición no de la realidad, del objeto. La verdad lógica consiste en la adecuación o correspondencia de la proposición con aquello a lo que se refiere. Si tal correspondencia no se da, decimos que la proposición es falsa. Esta concepción de la verdad como adecuación, como correspondencia, fue formulada por Aristóteles y se ha mantenido como interpretación predominante de la verdad en el pensamiento filosófico hasta la actualidad.

La verdad como categoría filosófica con todo su entramado de significados y vías de acceso muy limitadas para comprender con facilidad, no es la cuestión que impulsa este trabajo, sí, la de expresar desde lo personal la verdad sin apariencias o ilusoria de lo que significa ser y hacer psicología en la Cuba de hoy. La política la mayoría de las veces actúa adecuando la lógica de sus enunciados en contraposición con la realidad del objeto, lo cual da como resultado una falacia.

La realidad no siempre se encuentra en concordancia con los hechos. Resulta una posición en suma facilista el juzgar un fenómeno que el poder nos presenta como ideal. Es necesario conocer a fondo y vivir la situación para emitir un juicio lo más acertadamente posible de acuerdo con la representación social que se adquiera de esa experiencia.

Estudiar una carrera de educación superior en Cuba depende de las expectativas personales y no del dinero, puesto que la educación es gratis a todos los niveles. Dicha facilidad tiene un valor inestimable no solo en cuanto a la formación que se adquiere, el costo real de la misma se comienza a apreciar una vez te gradúas.

Cinco años de intenso estudio durante la carrera de psicología (experiencia personal) te cambia la vida para siempre. Son años de clarividencia, de ojos bien abiertos, de sumar con cada materia, con cada palabra, un arsenal infinito de saberes. Es alcanzar una cosmovisión única de la realidad. Ser psicólogo es dejarse llevar a través de un proceso Kafkiano de metamorfosis de tu personalidad, para convertirte en un sujeto capaz de andar con mayor acierto en el corto paso por la vida.

El caudal de conocimientos adquiridos durante el tiempo de estudio y práctica psicológica se traduce en actitudes y aptitudes, que no solo marcan una impronta personal, también dejan su huella visible en la labor profesional. Ser psicólogo en la Cuba humana y por tanto imperfecta de hoy, está destinado para quien desee mantener su incondicionalidad con la profesión.

Cuando de compromiso se habla es imprescindible saber con qué nos comprometemos y cuáles son los costos del mismo. Toda actividad, sea científica o no, requiere de un compromiso y entrega extra para el mantenimiento de un nivel de profesionalidad adecuado a los estándares que se viven actualmente en el mundo. Cuba no se encuentra exenta de esto. Por el contrario, podría afirmarse que la pequeña ínsula es casi una maquinaria para formar profesionales de alta valía, acorde con los tiempos que corren. Es que en Cuba, para quien decida dedicarse a la ciencia lo único que resulta relativamente fácil es la obtención de la carrera. El proceso de estudios puede llegar a complicarse cuando se trata de acceso a información, dígase internet o bibliografía actualizada. Eso sin detenernos en el tema de contar con una computadora propia, herramienta ultra necesaria para estudiar hoy. La precaria economía y el bajo nivel adquisitivo de la mayor parte de la sociedad son algunas de las causas que tratan de atentar infructuosamente en contra de los esfuerzos personales para salir adelante en los estudios.

De vuelta a la psicología; los años de estudio hacen que te introduzcas tanto en la profesión que prácticamente uno se olvida de la realidad y el futuro. El tiempo vuela, sobre todo cuando te encuentras vinculado con alguna actividad que te brinda placer y satisfacción personal. Opciones de trabajo siempre habrá, ahí radica la discordia.

La cuota de responsabilidad, entrega e incondicionalidad, se incrementa a la hora de realizar el ejercicio de la profesión. El psicólogo cubano lleva consigo mucho más compromiso del requerido. La competencia en el ámbito laboral es la menor de las preocupaciones. La precaria situación económica del país resulta hoy en día el elemento que mayor influencia ejerce a la hora de enfrentarse a una consulta. En la mayoría de los casos la instalación no cumple con los requerimientos obligatorios de privacidad, o el psicólogo no cuenta con la batería de pruebas y test imprescindibles para un paciente determinado. Factores como estos, sumados a muchos otros, atentan contra la motivación del profesional. Esto desemboca en que el condicionamiento cuando se trata de decidir qué hacer, ser psicólogo o desvincularse de la profesión para tener un poco de mayor nivel adquisitivo, puede resultar verdaderamente lacerante. Muchas veces en detrimento de la psicología, la necesidad tiene el mayor peso y la ciencia queda en desventaja.

Una de las características que distinguen al psicólogo cubano, además de la alta competencia profesional, es el sacrificio, la solidaridad humana, la incondicionalidad en su interés superlativo de contribuir con la recuperación del paciente. La ética del psicólogo en Cuba es la ética de la vida. A pesar de imperar el eclecticismo y basarnos en la escuela histórico – cultural rusa, como la mayor influencia recibida durante los años de estudio, el profesional cubano es humanista, su interés se basa en el mejoramiento del otro por encima de todo. Hacer psicología en Cuba es sinónimo de amor a la profesión, como se diría ordinariamente: trabajar por amor al arte.

El psicólogo cubano se alimenta de las gracias que le da su paciente, de la sinceridad de una sonrisa que parecía perdida, de las manos estrechadas con calor. El compromiso solo tiene una recompensa espiritual, con la cual se las ingenia para servir humildemente la cena de su familia. Los profesionales en Cuba y en el caso particular de los psicólogos se puede decir que son como una especie en vías de extinción. El psicólogo cubano transforma la necesidad económica y el mal pago en elevar la excelencia de su labor, en cooperar dando lo mejor de sí para el mejoramiento de la sociedad. El salario percibido no se encuentra en concordancia con la proeza de su trabajo diario y aun así se esmera día tras día para recibir sonriente a su cliente.

Hacer psicología en Cuba demanda coraje, valentía, apremio. Una de las características que nos distinguen a los humanos del resto de los seres vivientes es la necesidad de trascendencia, de marcar pautas, dejar un legado, la constante inconformidad por lograr metas y objetivos a corto y largo plazo. Enriquecernos, vivir bien con las condiciones adecuadas para una vida digna. Ser psicólogo en la Isla del Caribe te obliga a divorciarte de una buena vida, el incentivo que queda es trascender para tu familia, trabajar para tus pacientes. Borrar la idea de enriquecimiento personal en detrimento de los pacientes, aunque si nos guiamos por la lógica, es como debiera ser. Los años de la carrera más la dedicación incluida, deben tener una recompensa, no se debe pagar la consagración y las madrugadas de estudio con más dedicación y madrugadas en vela para pensar que poner a la mesa o donde vivir. Idealmente es genial, pero se necesita mucho más que entregarse al trabajo para cubrir necesidades no solo materiales, también espirituales.

El mensaje final puede entrar en contradicción con todo lo dicho. La idea no es apartarse de la ciencia, se trata de denunciar los males que corrompen el adecuado desarrollo de la psicología, los vicios externos que atentan contra ella. Como expresara Diego Gonzales Serra en su trabajo La Psicología del Reflejo Creador:

“Debemos superar las tendencias dogmáticas y sectarias que lastraron a la Psicología Marxista y en especial a la soviética. El pensamiento científico requiere libertad y que cada uno piense con su cerebro y exponga las ideas que se le ocurran aunque coincidan o no con la filosofía y la psicología marxista. Si en la política impera la unidad de los revolucionarios para defender su sistema, en la Ciencia y sus aspectos filosóficos, ha de imperar la libertad del científico para pensar con su cabeza y afiliarse a la posición teórica que en Psicología le parezca más adecuada. En este sentido vale la afirmación de que la Ciencia es una y de que es posible aprender de sistemas y teorías muy distantes a nuestras concepciones filosóficas e ideológicas y utilizarlas con éxito en la práctica”.

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