Urgencias

Por: Carlitos

La pérdida de profesionales en el sector estatal es una realidad que nos ha acompañado invariablemente en los últimos cinco lustros. Año tras año vemos cientos de profesionales migrar hacia el sector privado o el exterior.

Sin embargo, nuevas variables pueden estar agravando el asunto. La política migratoria facilitó a los profesionales cubanos buscar suerte en otros países, mientras que el dinamismo del turismo en los últimos dos años ha hecho más fácil encontrar empleo y buenos ingresos en el sector privado.

Y no es lo mismo un problema de 5 años, que uno de 25. El paso del tiempo ha afianzado la percepción entre una parte no despreciable de la población (y especialmente en los jóvenes) de que no se puede seguir esperando a que lleguen los cambios necesarios: vida hay una sola.

Aunque no existen estadísticas que lo muestren, se puede estar llegando al punto en que no basta con los especialistas que se gradúan para suplir los que se van. Profesionales que con mucho esfuerzo y recursos son capacitados en áreas clave, tienen un tiempo de vida y contribución en el sector estatal cada vez menor.

Hay mucho en juego cuando hablamos de la permanencia de los profesionales en el sector estatal. Una de las principales inversiones de la Revolución (su capital humano) se está malogrando, o peor, se está “exportando” sin recibir nada a cambio.

El sector estatal, que es el que regula la economía, el que debe impulsar la vida política del país, el que debe acometer los cambios económicos, el que tiene en sus manos los sectores estratégicos, el que gestiona los servicios sociales conquistados, corre el riesgo de no poder cumplir con estas funciones porque son muy pocos los profesionales con que cuenta o porque ya no están los más capacitados. Y la búsqueda de soluciones a problemas como los nuestros no puede asumirse con profesionales de segunda o tercera línea.

Lo preocupante es que de tanto traer y llevar el tema nos hemos acostumbrado a verlo como algo muy grave, pero que no depende de nadie: “habrá que esperar a que la economía crezca, a tiempos mejores”.

Aunque hay factores subjetivos y organizativos que pesan sobre estos fenómenos, es el bajo nivel de los salarios estatales la principal razón. Con frecuencia se ha insistido en que los salarios no pueden crecer hasta tanto no crezca la productividad del trabajo. Sin embargo, ¿cuánto tendría que crecer la productividad para restablecer el nivel de los salarios?

Para, por ejemplo, multiplicar por tres el salario medio mensual (de manera que sobrepase los 2.000 pesos cubanos* u 80 CUC), la productividad del trabajo tendría que triplicarse también. A una tasa de crecimiento anual de 8,0% (similar a la difícilmente imitable de China en sus años de mayor dinamismo) la productividad tardaría en triplicarse en Cuba casi 15 años.

Por tanto, en términos prácticos, la solución al problema no puede provenir únicamente del incremento de la productividad. Es necesario y preciso estudiar otras soluciones organizativas y distributivas. No siempre se puede esperar a soluciones ideales.

Es posible, por ejemplo, agilizar los cambios anunciados que inciden en la optimización de la fuerza laboral estatal: reducción de plantillas infladas de conjunto con el impulso al sector mixto, cooperativo y privado en sectores no considerados como “medios de producción fundamentales”. Una reducción de las plantillas infladas permite distribuir entre un grupo menor de trabajadores (y de una forma más justa) la misma masa salarial.

En el orden de las trasformaciones pendientes, también es preciso acelerar las acciones que permitan eliminar innecesarias erogaciones del Estado en servicios sociales. No se trata de reducir estos servicios, sino de sustituir subsidios y gratuidades innecesarias por incrementos salariales. En términos de la economía política, estamos hablando de lograr un mejor balance entre la distribución con arreglo al trabajo y los fondos sociales de consumo.

Un ordenamiento de las regulaciones del sector privado, incluyendo una revisión de la política tributaria (que actualmente genera incentivos perversos), podría ayudar a reducir los altos niveles de evasión fiscal y, con ello, incrementar los recursos con que cuenta el Estado para pagar salarios en el sector presupuestado.

En el muy corto plazo, se podrían adelantar incrementos salariales representativos en sectores pequeños (y por tanto poco costosos para el Estado), pero de mucha incidencia en el desarrollo económico, político y social del país. Pienso, por ejemplo, en nuestros doctores en ciencias, los profesionales de los centros clave del polo científico, los periodistas, los científicos a cargo del diseño e implementación de las principales reformas económicas y políticas, entre otros.

Seguramente habrá otras y mejores soluciones, que pueden partir del intercambio y el análisis especializado. Listo algunas para advertir que no dependen únicamente de incrementos productivos.

Solo a partir de que el salario restablezca sus funciones básicas será posible aspirar a que en el Socialismo confluyan los intereses individuales, colectivos y sociales. Mientras, el sector privado y el capitalismo no solo crecen, sino que comienzan a verse para muchos (a falta de alternativas palpables) como la única opción posible para alcanzar sus proyectos personales.

Es demasiado lo que se juega. Necesario es actuar cuanto antes.

*Según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información en 2015 el salario medio mensual era de 687 pesos cubanos. Si se lograra triplicar, alcanzaría los 2.061 pesos cubanos. Suponemos adicionalmente que los precios no crecen. Con el crecimiento de los precios (inflación), al cabo de 15 años esos 2.061 pesos cubanos tendrían mucho menor poder adquisitivo que hoy.

Tomado de: A mano y sin permiso

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