La prensa cubana


Por: Francisco Rodríguez Cruz

La celebración este año del Día de la Prensa Cubana ocurre en medio de la continuidad de un profundo y enconado debate sobre el papel de los medios de comunicación en una sociedad como la nuestra, y el impacto que sobre ellos tendría la actualización del modelo económico y social.

El periodismo como profesión mantiene una aureola de reconocimiento público que nos ubica a quienes lo ejercemos en el centro del debate ciudadano sobre las demandas de información insatisfechas, así como potencia aún más la idea —a veces sobredimensionada por las audiencias— de su capacidad transformadora de la realidad cotidiana.

Lo cierto es que el modo de comunicar y comunicarnos entre los seres humanos atraviesa en este siglo por un profundo cambio de paradigmas a partir de la emergencia de nuevas tecnologías y modos de interacción social, que impactan de forma directa sobre casi todas las actividades profesionales, y en particular sobre aquellas que, como el periodismo, son a la vez sujeto y objeto de los procesos comunicativos.

La prensa cubana arriba a esta era con deudas pendientes y conflictos no resueltos en el campo de las definiciones teóricas y prácticas acerca de la naturaleza de las relaciones que deben existir entre ella y el resto de los componentes del sistema político e institucional de una sociedad que quiere construir una alternativa socialista como única vía posible de garantizar su soberanía e independencia frente al poder hegemónico del capitalismo mundial.

La declaración expresa de ese objetivo atrajo sobre la Revolución cubana casi desde sus inicios la abierta hostilidad de las grandes potencias capitalistas, en particular del gobierno de los Estados Unidos, cuyas acciones para desestabilizar el país y producir un cambio de régimen siempre incluyeron el terreno ideológico en el cual operan los medios de comunicación, y que en la actualidad son incluso más sutiles y complejas, lo cual enrarece y afecta el normal desempeño del periodismo en Cuba.

En este difícil contexto, tampoco es posible despreciar el impacto que sobre el sistema de comunicación pública inevitablemente ocasionan —si aplicamos las leyes del materialismo dialéctico— las actuales transformaciones económicas y sociales que acontecen en el país como parte del perfeccionamiento del modelo socialista, con más influencia de las relaciones monetarias mercantiles en la vida cotidiana, incremento en los flujos de capital externo e interno, y mayor diversidad en las formas de propiedad y gestión no estatal.

Ello conlleva al surgimiento de sectores y grupos sociales con diversos intereses y posibilidades económicas que requieren y tienen cómo financiar su participación en el entramado comunicacional del país, a través de iniciativas paralelas a los medios tradicionales —díganse, entre otras, el paquete semanal, los blogs, las redes sociales en internet o las llamadas publicaciones alternativas digitales—, no necesariamente hostiles ni perjudiciales para los fundamentos de la nación cubana.

En consecuencia, el escenario para el desarrollo de la prensa cubana en los próximos años implica que tendremos que aprender a lidiar en el ámbito de la comunicación pública con nuevos actores, mejores o no tan buenos en sus estándares profesionales y éticos, con intenciones más o menos concordantes con los valores socialistas que queremos hacer predominar, y debemos hacerlo a partir de la calidad, oportunidad y diversidad de nuestras propuestas periodísticas.

Ante tal panorama es urgente fortalecer y dar prioridad al desarrollo organizativo, tecnológico y material de nuestros medios de prensa, y atender a las múltiples necesidades pendientes de solución que padecemos quienes en ellos laboramos. Hacen falta además definiciones conceptuales y operativas más precisas, formulación de políticas de comunicación integradoras y consensuadas, e incluso decisiones legislativas que articulen un marco regulatorio más claro para el ejercicio del periodismo, sin que ello implique una pérdida de su dinamismo y flexibilidad.

El ejercicio de un periodismo crítico y responsable, donde la ciudadanía vea el reflejo de sus avances y problemas mediante una interpretación ética que contribuya a transformar y mejorar la realidad, no a enconarla con divisiones en bandos o rivalidades superfluas, definirá en última instancia qué medios obtendrán un mayor reconocimiento social y cuáles aportarán más a la Revolución en esta nueva encrucijada.

Tomado de: Paquito el de Cuba