De periodistas y otros demonios


Por: José Alemán Mesa (estudiante de Periodismo)

Todos vivimos de justificaciones, lo que en la vida práctica es antónimo de solución. Si todos lo sabemos ¿por qué seguimos permitiéndolo? Lo mal hecho se camufla con alevosía ante nuestros ojos y… cito al colega Héctor Zumbado: “El deporte de las burocratiadas será el lanzamiento de la vaselina”.

Y a quienes si no a nosotros nos toca untar esa parafina blanda con aspecto de pomada. A nosotros nos toca hablar con palabras blandas y cuidar de que una bajodosis no conduzca a amputarnos el dedo.

Julio García Luis, periodista cubano, refirió que como en cualquier sector en el periodismo hoy “se aprecia una doble moral, y se nota, sobre todo, en la endeblez de los argumentos. Más bien los periodistas se vuelven cajas de resonancias de la opinión de los dirigentes”.

Leí hace poco unas palabras de Walter Jippman que bien pudieran explicarnos muchas cosas: “La revolución significativa de los tiempos modernos no es industrial, económica o política, sino la revolución que tiene lugar en el arte de crear consenso entre los gobernados. Ninguno de nosotros alcanza a entender las consecuencias, pero no es atrevido decir que el conocimientos de cómo crear consenso alterará todas las premisas políticas”.

Ese consenso es el arma ideal para permanecernos firmes, pero el consenso se logra si nos convertimos los periodistas en esas verdaderas fuentes de interpretación y definición de la realidad, dando cobertura y haciendo visible la opinión pública. Debemos dejar de otorgar fama y reconocimiento a actores culturales y políticos selectos, reflejando patrones de comportamientos útiles para la construcción y reconstrucción de identidades colectivas.

Consenso es romper la univocidad de criterios, pues los que llama Jippman los gobernados difieren mucho, pero si miramos a la opinión pública para identificar los juicios prevalecientes sabremos de qué lado anda el consenso que buscamos conseguir. No podemos confundir el verdadero consenso con lo que hoy logramos: una ilusión de consenso.

Exactamente es por ahí donde anda el estado actual de la cosa. Además amigo mío, los medios no son el único escenario donde se reproduce la ideología, entendida esta como significados movilizados para establecer y sostener relaciones de dominación. Las redes sociales y los blogs por ejemplo son también inculcadores (sean como sean) de normas, valores y patrones morales. Son productores y reproductores de determinado (des)orden social, y por extensión, de visiones ideológicas (des)ordenadas.

En otros aspectos cabe destacar que en el periodismo cubano se disfrazan muchas veces, no siempre, como demandas de los receptores o preocupaciones de la opinión pública algunos asuntos que en realidad han sido impuestos por la agenda política. ¿Y nosotros, los periodistas, qué ganamos con firmar con nuestro nombre esas imposiciones? Sin generalizar: el descrédito.

Cuándo se entenderá por parte de los dirigentes desconocedores del oficio y su praxis que los periodistas cubanos no carecemos de iniciativas para alentar el debate público con opiniones muy propias. Que no nos pueden ceñir ese propósito. El grado de estrechez o amplitud que enfrentamos en nuestros trabajos está generalmente asociado al grado de estrechez o amplitud del debate entre las élites políticas, y al grado de sujeción (que en todo el mundo) la prensa tiene respecto a los intereses de esa élite.

En verdad la prensa cubana es aún un terreno fértil para la socialización de eufemismos, oscurantismos, secretismos, y para el sincretismo de todos estos “demonios”. Recordemos que las sociedades monárquicas se erigieron tradicionalmente sobre la base del secretismo y el respeto incondicional a la autoridad de los reyes, pero los tiempos contemporáneos ya transitan hacia formas mucho más visibles y por eso mismo más expuestas al escrutinio público. Si la prensa es por naturaleza racional y deliberativa ¿por qué en la práctica notamos deficiencias en estas cuestiones? La solución no está en crear un modelo de prensa más aparente que real.

Hay muchas respuestas a la pregunta ¿qué periodismo hace Cuba? y yo creo que, lamentablemente, muchas de esas respuestas no son más que reformulaciones de la pregunta. Seguiremos ejerciendo de forma solapada el control social, cultural, ideológico… si al final sobre nosotros también existe más que un control de ese tipo una obligación.

Al final esas operaciones y reglas seguirán imponiéndonos límites a lo que puede ser dicho y a la manera de decirlo. Es eso condición de subsistencia de todo poder. Nadie podrá romper la falacia que le hemos hecho ver a nuestros receptores si no dejamos de pensar en legitimación, y empezamos a hablar de consenso real, no aparente.

En el libro “Revolución, Socialismo, Periodismo” mi admirado Julio García Luis ofrece una sabia explicación a los demonios que rodean a los periodistas.