Disidencia” en Cuba


Por: Harold Cárdenas Lema

La idea de construir un socialismo autóctono podría ser la mayor “disidencia” cubana desde el siglo XX. Llamarle así a los grupos que se oponen a la Revolución es una ironía, un robo semántico entre muchos otros, que nos robaron y nos dejamos robar. Quizás sea hora de recuperar el significado de esta palabra y buscarle a este movimiento político otro nombre: anexionismo podría ser, al menos para la mayoría. No dedico mucho tiempo a este fenómeno ni soy un especialista pero tan importante como saber el camino a seguir, es saber a dónde no queremos regresar. Aquí van algunos apuntes sobre el tema.

Cuba tiene desafíos políticos que superar en los próximos tiempos. Pero el camino no es el multipartidismo sino la representación política de todas nuestras fuerzas de izquierda, no es crear escaños para darle espacio a quienes tienen poco que ofrecer sino crear un espacio nacional de participación política que genere empatía y renueve el consenso nacional.

El espacio que tenga un grupo político en Cuba debe ser el que se gane entre su gente.

Existe un discurso democratizador que quiere imponer espacios de participación artificiales a segmentos sociales que no representan sectores amplios, que no se han legitimado en una base social, como debió hacerlo la Revolución. Al contrario, han servido de bandera para intereses foráneos que nada tienen que ver con nosotros.

Al triunfo del año 59, Estados Unidos acogió con beneplácito el control de las fuerzas que se oponían al joven Estado dentro y fuera de Cuba. Esto creó mecanismos de subordinación que deslegitimaron a las fuerzas opositoras, cómplices además de la dictadura batistiana, de los crímenes en la lucha contra bandidos y quienes disfrutaban cuanto ataque sufría el pueblo cubano. Entregarle este país a las fuerzas organizadas para un cambio de régimen, sería regresar al pasado, ceder bajo presión, echar por tierra la sangre de generaciones anteriores.

La disidencia ha fallado históricamente en tomarle el pulso a la sociedad cubana, en creer que son posibles primaveras árabes bajo el sol del trópico, en carecer de un programa concreto. Resumiendo, toda su agenda y discurso en la negación del Estado actual. Quizás no sea así toda, como toda masa política debe contener dentro de sí diferentes facciones, con mayor o menor grado de anexionismo, pero su generalidad tan pobre la invalida y no se ve luz en ese túnel.

Por otra parte, el activismo de este tipo como mecanismo migratorio, herramienta para salir de prisión, o ambicionando posiciones al llegar un supuesto cambio de régimen, ha desacreditado aún más los recursos humanos que componen a la disidencia. Dentro y fuera de Cuba existe un mundo paralelo donde estas personas tienen su propio lenguaje, sistema de valores, versión de la historia e incluso un puñado de mártires. Sería difícil arrojar cifras pero sí aseguro que no se han ganado el corazón de este pueblo.

Nosotros no inventamos la decencia pero sí optamos por construir un modelo político más humanos y ético que otros, por eso la Revolución debe aspirar a ser humanista e inclusiva, mejor que su alternativa, o no será tal. Y el hecho de ayudar al otro en la calle, no significa concesión o dejar de luchar.

Sobre la oposición/contrarrevolución/disensión tengo más preguntas que respuestas. Quizás el papel regulador que juega la oposición en el capitalismo, no tiene sentido en una sociedad que aspira al socialismo. Quizás lo que debemos aspirar nosotros es a darle igualdad de oportunidades a cada revolucionario para que defienda el socialismo a su manera, igualdad de espacios a cada corriente de izquierda para que todas tengan cabida dentro del proyecto, como hizo Fidel con las distintas fuerzas que llegaron al triunfo en el 59.

Me pregunto si algunos son salvables para la construcción socialista, quizás los que llegaron allí por no saber lidiar con contradicciones propias de la Revolución, y podríamos buscarles un espacio si respetan el derecho de esta a existir. Para otros, lo único que los salvaría del desprecio que otorga la historia, es protagonizar una nueva temporada de las Razones de Cuba, ¿quién no lo ha considerado? Pero hasta ese dudoso día, sigo sin pensarlo demasiado, hay muchas otras prioridades en el camino.

Hay preguntas que podríamos hacer también a quienes rigen la política más al norte. ¿Por qué el Senado de Estados Unidos sólo parece escuchar a El Sexto y las Damas de Blanco? Esta mirada miope y tendenciosa sobre un país donde existe un amplio abanico de pensamiento, es una cortina de humo para mantener asfixiado al pueblo. Más allá de cualquier diferencia política, no es faltar a una postura moral sino una falta grave a los valores fundadores del pueblo estadounidense. Difícilmente el contribuyente allá permitiera una política tan hostil hacia Cuba si conociera mejor esta isla.

Los disidentes hoy han quedado desfasados respecto al debate nacional. Hay nuevos actores que participan con más fuerza, al final siempre se definen los legítimos y  los neo-anexionistas. De hecho es fácil identificar los que van al lado oscuro de la fuerza, por su ánimo de deslegitimar la institucionalidad del país, de vivir de espaldas al Estado en vez de acompañarlo, lo cual no significa subordinarse a él o silenciar alguna crítica.

Algunos en ambas orillas políticas creen que nosotros somos la nueva disidencia, que reunirse con un diplomático extranjero es hacer concesiones de soberanía, cuando se trata de lucha política, la misma que hace Raúl cuando saluda a Obama. Antonio Guiteras sabía esto, aceptó ser ministro en un gobierno capitalista y desde allí logró grandes avances para las fuerzas revolucionarias del país. Algunos al menor pretexto se lanzan al servilismo, otros son arrastrados a ello pero hacerlo es siempre una acción voluntaria.

Hoy vemos intentos por relanzar a los dinosaurios de la “oposición”, usando a la OEA una vez más para legitimarlos, dando la espalda a la mayoría del país que sabe las muchas contradicciones y dificultades de vivir en revolución, pero que la prefiere y la sabe muy por encima de los otros. No hay alternativa, construimos un país mejor entre nosotros mismos o viviremos subordinados como antes.

Los viejos “disidentes” sufrieron un último mandato de Obama que los fue sacando del centro de la atención, y desean en Trump un aliado como lo fue Bush. Yo sonrío por lo compleja que es la vida, los cubanos sabemos lidiar con la posible hostilidad, la cercanía de Obama resultaba preferible pero mucho más peligrosa. Lo que sí no tiene remedio es la “disidencia”, aunque se disfrace y quiera confundirse con nosotros. La resolución de este febrero será recuperar la semántica: dejar de decir disidentes (que es un término impuesto) y empezar a decir cómo debe ser: anexionistas.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com