Pensamiento Crítico


Por: René Fidel González García

El próximo martes 21 de febrero se celebrará en la Habana el 50 aniversario de la fundación de la Revista Pensamiento Crítico. Hay algo engañoso en una noticia que quizás acabe mereciendo alguna que otra nota periodística en nuestros medios de prensa, no es una celebración, es un punto de encuentro.

Sorprenderá a algunos descubrir esa aparente transmutación de una publicación que apenas tuvo casi cinco años de existencia y que desapareció hace tanto, y sin embargo siempre fue eso: un lugar de encuentro. En ella se juntaron, y no me refiero al espacio material de la casa # 507 de la Calle K del Vedado en el que radicó el Departamento de Filosofía, o a los olorosos y acústicos talleres en los que se imprimió como un acto colectivo de nacimiento, sino al intangible lugar que es siempre la conspiración revolucionaria, hombres y mujeres que tenían la infalible y visceral cualidad de arriesgar el pellejo por lo que soñaban y luchaban.

La vida y el pensamiento de no pocos de ellos, forma parte ya desde hace mucho de la epopeya legendaria de las luchas de sus pueblos, de las cartas de navegación de los que bregan en cualquier sitio por la justicia, o han seguido, entre logros y mezquindades, entre agonías y descalabros, pletóricos de optimismo y humildes, sin sentir vergüenza – más allá incluso de sus propias existencias, en algunos casos en la sobrevida de sus obras – , practicando la conducta subversiva que aprendieron era la única forma de ser revolucionario.

Se puede recordar a Camilo Torres Restrepo, a Aura Marina Arriola, a Sara Gómez Yera, a Roque Dalton, en ese juego de dados que es la memoria, o a los héroes, los maestros silenciosos del magisterio tierno de fecundar ideas con letras y plomo, malgeniosos y paternales, sudorosos, que fueron sus diseñadores, tipógrafos y emplanadores.

Alguna vez se tendrá también que rescatar y apuntar sus nombres para comprender auténticamente la antropología del jalón intelectual que cristalizó a la Revista Pensamiento Crítico hasta hoy como un desafío conmovedor y útil de los límites y a las libertades en tiempos de Revolución.

Todos ellos, y sus lectores de aquel entonces, no pudieron acaso imaginar jamás que cinco décadas después la portada de uno de sus números sería una clave, a un mismo tiempo secreta y pública, para que se reencontraran nuevas generaciones de revolucionarios cubanos. Fascinados, sumergidos en el vértigo de una época que pareció incendiar el mundo y que definitivamente transformó sus propias vidas a un ritmo y de una forma espectacular, hermosa, dolorosa e increíble, quizás no intuyeron hasta qué punto ellos mismos estaban acudiendo al lugar de reunión profetizado por una generación anterior. Quizás nunca se sepa con certeza.

Pero ahí están los hechos, acusando la propiedad terca que un antiguo republicano descubriera en ellos: nuevas generaciones se reúnen en Cuba, otra vez, a pensar, como la anterior, porque las revoluciones nacen de un pensamiento, de un análisis crítico de la sociedad, y no pueden desistir de hacerlo, o impedirlo, o dejan de ser.

Porque sucede también que a veces las revoluciones sueñan consigo mismas, y ello es posible, e incluso necesario. Es verdad que hacerlo requiere de un acto de pensamiento y de un tipo de coraje individual, también de la existencia de una conciencia colectiva de su necesidad, pero ese proceso de que una Revolución se sueñe a si misma no puede ocurrir, aleatorio, impreciso e incierto como es, sin que cada uno de los que se atrevan a hacerlo descodifique de si mismo el egoísmo y su propio destino sin ingenuidades, como tampoco puede ser comprendido, madurado y realizado sin estar dispuesto a universalizar ese sueño como una forma de realización personal, de dignidad y de decencia.

Mientras sea así no importarán nunca los desafíos, la saga estéril y odiosa de los que medran a la sombra del oportunismo y la cobardía, los que bordan dogmas e imposiciones, la traición, o incluso el adverso devenir de los tiempos. Eso y más enseña la Revista Pensamiento Crítico hoy, los hombres y mujeres que en ella descubrieron que el intelectual revolucionario es, ante todo, un revolucionario a secas, por eso da luz, por eso junta y señala un nuevo punto de encuentro de la próxima generación de revolucionarios cubanos.