Los periodistas imprescindibles


Por: Harold Cárdenas Lema

Los periodistas más valiosos de Cuba son los más sacrificados. Mal pagados, cansados de señalar problemas del gremio que no pueden solucionar por sí mismos, subordinados a mediaciones absurdas que ellos mismos reconocen así pero no está en sus manos cambiar, son persistentes. Impulsados por la más noble ambición: dejar un legado, marcar la diferencia en un país que los necesita. Son los más importantes y están librando una batalla decisiva desde dentro: los periodistas de medios estatales.

La época en que el periodismo se ejercía en en un medio estatal o ninguno, se acabó. Ahora existe un diverso espectro mediático fuera de lo institucional, que contiene desde las iniciativas loables hasta las vergonzosas. Es decir, los reporteros de la realidad cubana tienen opciones hoy en día, todo talento que veamos en un medio estatal es un acto de sacrificio, una toma de principios. Pero no podemos dar por sentado su trabajo, o podemos perderlos, al menos los más valiosos.

El modelo de prensa cubano sigue haciendo aguas en su configuración actual, el último congreso movió un poco su mecanismo interno, cambios positivos hubo pero los problemas de raíz se mantienen y han aparecido otros nuevos. Algunos medios solo se sostienen por el bombeo de recién graduados que ingresan cada año, pero una vez terminado su servicio social, la capacidad de retención parece ser bastante baja. Aquellos que han decidido permanecer en ellos a conciencia, merecen un reconocimiento que pocos reciben.

La agenda mediática oficial no es víctima de conspiración alguna, en la actualidad ni siquiera se define en una oficina concreta, debe moverse dentro de un marco de acción subjetivo construido en el tiempo. A menudo se apuesta por lo conocido pensando que esto garantiza estabilidad y se teme lo novedoso porque se ven riesgos por todas partes. Es decir, las mediaciones en el gremio periodístico tienen vida propia.

Una lección que Cuba deja a otras experiencias de izquierda en el mundo es esta precisamente. El papel censor que ejercen los dueños en los medios privados puede ser sustituido por el de los burócratas con instinto de conservación, más aún en un país acosado desde fuera, donde los muros construidos para protegernos terminan atrapándonos a nosotros mismos.

La raíz del asunto es la relación prensa-partido. La Revolución Cubana, fundada en los tiempos en que los congresos soviéticos anunciaron alcanzar un socialismo que nunca fue real, y estar a los albores de un comunismo que la práctica demostró no se alcanzaba por esa vía, vio en la URSS un ejemplo de éxito. Una de las importaciones que se realizó con más éxito fue la del modelo de prensa.

Aunque tropicalizado y con diferencias notables, mantenía la subordinación de los periodistas a un aparato partidista que se desgasta asumiendo un rol que no es el suyo. Y termina descuidando aspectos claves como la ideología, la construcción simbólica y la comunicación política del proyecto revolucionario. Esto lo ven y lo saben los periodistas, pero ¿quién puede cambiarlo? ¿Qué ratón puede ponerle cascabel a ese gato? Ninguno, solo el partido puede cambiarse a sí mismo.

Existe mucha gente con talento y ganas que podrían darle un vuelco positivo al periodismo cubano si tuvieran la posibilidad, pero primero hay que tener conciencia del problema y disposición para cambiar una relación de subordinación que de seguro es cómoda, pero dañina. Nuestros periodistas merecen más confianza y autonomía. La confianza en las nuevas generaciones y las fuerzas que componen la Unión de Periodistas de Cuba, debe servir para algo más que el discurso político.

Hasta hace poco era imposible hablar de la relación prensa-partido, se podía hablar mucho de lo primero pero lo segundo era un espacio vedado, quizás eso explica la acumulación de contradicciones. Siempre me asombró el contraste que existía entre un periodista y su jefe, el estado de vulnerabilidad que tienen los primeros con el estado de confort de los segundos. Y por confort me refiero a que sus argumentos son incuestionables, mientras el trabajo del reportero recibe tijera sin compasión, a menudo sin una razón concreta, solo “por si acaso”, para no buscarse los problemas que el mismo Raúl convocó a buscarnos.

Este quizás sea el único confort que tiene el jefe, salvo que seas un gran jefe, tu trabajo será también mal remunerado y poco reconocido. Porque un director promedio en un medio de prensa ha llegado allí seleccionado por el partido, y puede tener talento o no, puede ser buena persona o no, pero el valor principal que lo lleva a esa posición es la disciplina. Incluso con un criterio de selección tan cuestionable, hay directores inteligentes, que hacen lo posible por mejorar la prensa cubana, que son mediadores entre sus jefes y los periodistas a su cargo, saben que en su labor se juega la credibilidad de la Revolución. Esos también son imprescindibles.

El otro día un joven periodista me dijo que seguiría en el sistema de prensa estatal mientras tenga energías, tratando de hacer un cambio positivo desde dentro. Lo miré, admiré su disposición y envidié tal resolución. Es un imprescindible. Ojalá logre hacerlo antes que la Revolución Cubana llegue a un punto de no retorno, antes que el miedo de cambiar algunas cosas, nos lleve a perderlo todo. Los dos sabemos que ya estamos en esa encrucijada.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com