Quise ser maestro y no lo fui, ¿por qué?


educacion_cubanaPor: José Alemán Mesa

De pequeño quise ser maestro y toda la familia me cayó encima para llenarme de inconvenientes, los que hoy vivo de igual forma con el Periodismo, pues si de carencias y conflictos profesionales se trata se debe hablar sin especificidades algunas. Solo que ya mis padres tienen  fijada esa representación del magisterio y se encargaron muy bien de metérmela en la cabeza.

Pero no entendía por qué me decían que estudiara, reconociera al maestro como el pilar fundamental de lo que sería yo en el futuro y no me dejaban tomar el ejemplo y continuar ese camino de ayudar en la formación de otros. De momento ellos lo veían muy concreto y de repente cuando se hablaba de “sangre que corre por la venas” lo veían abstracto.

También recuerdo que la formación vocacional en el preuniversitario no constituía contraataque alguno a las premisas de mis padres. Por allá nunca se pensó devolver a nuestros jóvenes y a su familia el gusto por enseñar. Sí, porque la falta de docentes hoy no es solo un problema de la escuela, es también de la familia, que aspiran a tener un buen maestro para sus hijos, y olvidan que es de ellas de donde tienen que nacer esos futuros profesores.

Pero bueno, para ser maestra o maestro solo basta con saber que todos, unos a otros, nos enseñamos. Y es que ser maestro es tener la pasión, la ciencia y el arte de esculpir el cuerpo, la mente y el espíritu de los seres humanos, para que sean un todo armónico, hermoso, consciente y bueno para lo mejor y para el bien.

Ser docente no es un sencillo trabajo. No muchos saben que se aprende a serlo por ensayo y error. La tarea del docente es orientar a los alumnos, contestar preguntas, dudas y conocer sus inquietudes.

Desde afuera, desde lo que una vez quise ser y no fui, veo que el magisterio en Cuba necesita enaltecerse, en una isla donde la sobrevivencia ha llegado a ser la preocupación fundamental de la mayoría de los habitantes. En una nación de intenso trabajo y escasos salarios, pero de no tan mermadas oportunidades ni sombríos augurios. Entonces, ¿por qué la profesión del maestro tiene muchos rasgos oscuros?

Los cientos de jóvenes universitarios y no universitarios que hoy imparten clases en diversos centros de enseñanzas a lo largo de todo el país, además de ser muestra de convicción revolucionaria, lo es de déficit, y ¿por qué será?

El escaso sueldo y lo que ese sueldo influye en el reconocimiento social a la profesión. Las condiciones laborales poco estimulantes, tanto en el medio rural como en el urbano: instalaciones y muebles deteriorados, carencia de apoyos didácticos, presión de muchas obligaciones burocráticas y, a veces, una gran soledad. La pobreza intelectual de muchos de los alumnos dificulta el enseñar, y con frecuencia tributa en la indisciplina, rebeldía o altanería de algunos muchachos en el aula. La ignorancia o indiferencia, a veces, de los padres que no los corrigen ni estimulan. La competencia descorazonadora a que se enfrenta el docente para conquistar el interés de los alumnos, al rivalizar con la “tele”, los videos y las bandas de rock, en batallas perdidas de antemano. He aquí algunas de las causas.

Al lado oscuro de la profesión habría que añadir la corrupción en el medio magisterial, pues hay reglas de juego poco edificantes, simulaciones a las que hay que resignarse, abusos que callar aunque molesten y poderes nada éticos con los que hay que transigir.

Ser maestro hoy tiene afortunadamente otros rasgos que se inscriben en su lado luminoso y se descubren cuando logramos trascender las pequeñas miserias de la cotidianidad y recuperar lo esencial, lo que alguna vez nos atrajo como vocación: el amor a los niños y a los jóvenes, el deseo de ayudarles, de abrir sus inteligencias, de acompañarlos en su proceso para llegar a ser hombres y mujeres de bien.

No poseo (gracias a mi familia) la experiencia de ser maestro. Pero sé,  ahora que puedo escribir para muchos, que educar no es tarea de cualquiera, se disfruta y se padece, se inventa y se reinventa, tiene dimensión de historicidad, pero también de futuro.

La labor del maestro no es tan fácil como muchos creen, pues esta profesión conlleva una responsabilidad, la cual debe ser asumida con profesionalidad, requiere sensibilidad, comprensión, tolerancia, paciencia, para poder atender las necesidades de los alumnos y del entorno social y cultural en el que se encuentran.

El maestro es aquella persona con capacidades y habilidades, que busca no solo la enseñanza y aprendizaje de sus estudiantes, sino formar en ellos su capacidad de crítica y transformación.

El ser maestro y la carrera periodística tienen mucha similitud, porque son profesiones de vida entera, que requiere la mayor parte del tiempo, demandan muchos compromisos, estar en constante actualización, planear, revisar tareas, participar en eventos culturales y conocer el contexto. Por eso, aunque no soy maestro, de vez en cuando, me lo creo.