El Partido

partido-cubaPor: Harold Cárdenas Lema

En 2016 mis compañeros me propusieron ingresar al Partido. Muchas de las personas que admiro pertenecen a él, siempre he creído más en formar parte que criticar desde fuera. Lamentablemente, las causas que condicionaron mi desactivación de la UJC fueron mencionadas en el documento que impedía mi ingreso, sumado a que “todavía eres joven”. En un contexto de apatía política en el país, debo ser de los pocos con ganas de ingresar en las organizaciones políticas y sin poder hacerlo. Tiene que ver con el estereotipo de qué es un militante y cuál debe ser su función, qué es un revolucionario y cuáles son sus límites.

Al parecer soy muy mayor para una organización y demasiado joven para la otra, cuando existe la doble militancia. Cualquier reserva de otro tipo, nunca fueron canalizadas mientras fui miembro de la UJC, en el lugar y momento para ello. Oportunidades hubo y hay disposición permanente, en realidad las cuestiones de militancia no son para dirimir en Internet, este ha sido el último recurso. El caso es que estoy desactivado de la UJC y el año pasado no pude ingresar al Partido pese a la propuesta de mis compañeros y mi disposición.

Dicen que las razones verdaderas son mis publicaciones en otros medios. Yo reto a mis críticos a encontrar una línea contrarrevolucionaria en mis escritos en todos los espacios, pero no sacando de contexto una línea o un post, sino seriamente, con la sumatoria de contenido en la mano. Ni siquiera esta es la razón real, es el pretexto del momento, cuando publicaba solo en LJC buscaban otros adjetivos como “hipercrítico” o “irresponsable”, el día que no escriba en ninguna parte encontrarán otra razón. El problema es existir fuera del control vertical y la disciplina exigida. Lean mis escritos, a ver si saben separar la paja del trigo. No hay mejor desinfectante contra la sospecha que la luz del sol.

Me atrevo a asegurar que por la naturaleza de nuestro proyecto tenemos una participación mucho mayor que el militante promedio. Según consta en acta, no se me pudo hacer las investigaciones necesarias para ingresar al Partido por no estar vinculado laboralmente. Que organizaciones políticas exijan filiaciones laborales dentro de esquemas institucionales es algo sin precedentes, no son sindicatos. Pero esta es la superficie del fenómeno, en realidad el problema no es este ni es actual.

Lo que vemos ahora no es más que una pugna táctica dentro de sectores revolucionarios. Y es un asunto histórico. En ocasiones la disciplina logra que los conservadores destruyan la unidad apelando a esquemas sectarios. Salvando las distancias, puedo entender perfectamente a Mella cuando los dogmáticos dentro del Partido anterior lo señalaron como: “un perfecto y descarado saboteador de los ideales comunistas, a quien le tenéis que negar toda relación… extraviado que no descansa en sabotear, por infinitos medios, nuestra heroica labor”. Estas calificaciones son muy parecidas a las utilizadas actualmente contra quienes no son controlables o acatan una disciplina suicida, para la propia organización.

Y sabes que algo es demasiado cuando estos adjetivos le parecieron demasiado extremistas a los estalinistas soviéticos, el propio Secretario de la Internacional Comunista escribió al Partido cubano explicando que su rol era “aplicar disciplina con vistas a agrupar a sus miembros, y no purificar el Partido mediante una expulsión”. Esto es por si alguien duda que entre los cubanos algunos se sientan más a la izquierda que Stalin. ¿Alguien cree que esa mentalidad ha terminado?

Resulta eficiente marginar una persona y después presentarla como ejemplo de falta de integración política, llevarlo al precipicio y poder luego acusarlo de suicida. Ayer leí un comentario de alguien que me acusaba de no utilizar los canales apropiados para defender la militancia en la UJC, o querer irme voluntariamente, cuando luché hasta el último momento y mis compañeros son testigo de ello. Pero hay que ver más allá.

Debemos tener cuidado, no confundir procedimientos sectarios con una política de Estado o de Partido, aunque intenten disfrazarse como tales. Los individuos que la aplican, si bien pueden adjudicarse hacerlo en nombre de la Revolución o cualquier institución, lo hacen por sí mismos. Para preservar el estatus quo de lo conocido, motivados por miedo, desconocimiento o intereses de otro tipo.

Esto explica que para los dogmáticos Antonio Guiteras fuera un “socialfascista de izquierda”, que Villena nunca llegara a Secretario en el Partido por ser un intelectual, que Mella fuera un elemento incómodo al punto de la persecución cuando se fue a México. Incluso desde la distancia y en nuestros modestos esfuerzos por sacar adelante La Joven Cuba, sabemos lo que se siente al chocar contra el dogma inamovible.

Lenin habla por mí cuando dice: “Si ustedes expulsaran a todos los que no son particularmente obedientes, pero que son inteligentes, y solo dejaran a su alrededor estúpidos obedientes, seguramente arruinarían al Partido…” Nuestro Partido actual es muy superior al anterior, nuestros errores son menores que los cometidos en la URSS, pero desconocer problemas comunes en las experiencias socialistas sería imperdonable. El estudio de las regularidades es una fórmula marxista.

No tengo queja alguna del Partido hacia mi persona. Sé identificar en él la diversidad de pensamiento que caracteriza a los revolucionarios cubanos, aunque a veces duela cómo algunos dogmáticos deslucen la inteligencia colectiva de la organización. Hay contradicciones, ¿cómo lidiar con ellas? ¿Qué hace un revolucionario cuando choca con los límites de su Partido y su contexto? ¿Esto significa que debamos renunciar a él?

Una vez más, Mella nos muestra el camino. El joven revolucionario vivió toda su vida política en esta disyuntiva, entre los partidos de Cuba y México. Persiguiendo los mismos ideales, no veía cómo cumplirlos en las organizaciones creadas para ello. Semanas antes de su muerte renunció al Partido Comunista  mexicano y luego regresó, el conflicto era evidente.

Existen grandes distancias entre el Partido actual y los de aquella época. La cuota de errores es distinta y podría enumerar las diferencias, pero la lucha táctica entre fuerzas revolucionarias persiste.

El regreso de Mella a su militancia brinda un aprendizaje histórico: si bien el Partido no era la organización que él quisiera o pudiera ser, es muy difícil luchar por una sociedad mejor ajeno al movimiento que debe liderar dicha construcción. Lección aprendida. Ingresaré cuando no deba subordinar la lucha política a una disciplina vertical. Cuando me den la posibilidad, disposición hay.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com

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