Volver a Cuba


bandera-cubana_f-cubavacuPor: Javier Gómez Sánchez

La comunidad cubana en el extranjero es parte inseparable de Cuba. No creo que pueda sostenerse lo contrario. No puedo pensar como escuché hace años en la televisión a un periodista cubano, que tal vez ya hoy dice otra cosa: ¨La música cubana es la que se hace en Cuba¨ Lo mismo digo de la literatura, de la pintura, del pensamiento.

Ser parte de la construcción nacional de un país, no termina en la frontera o al abordar un avión. Siempre he pensado que poseer además una ciudadanía extranjera no es más que un estatus legal. Como dije tantas veces en una época: ¨Resido en el extranjero, pero vivo en Cuba¨. Nunca acepté entonces que me dijeran que me había ido de Cuba o que había salido de ella. Prefería decir me mudé.

Y regresé. Desde hace un tiempo estoy nuevamente en mi país luego de un burocrático, largo y costoso proceso de repatriación legal para recuperar mi estatus de residente.

Nacer en un lugar es una circunstancia a la que inicialmente uno se subordina. Luego muchos toman el rumbo del país que se les presenta mejor, o se instalan dónde las relaciones o la vida les llevaron, y esas circunstancias también condicionan. Pero cuándo uno decide por voluntad regresar a su país, por primera vez está dónde simplemente desea estar. No dónde nació, no dónde le dieron visa, no dónde logró residencia, no dónde la vida es más fácil.

Salvo casos particulares, la decisión tiene el máximo carácter del deseo. De la libertad personal y de la consciencia de ella.

A veces extraño los supermercados. Pero regresé porque me di cuenta de que la vida no se reduce a ir al supermercado.

Pude hacerlo porque mi situación personal me lo permitió. Irse y regresar es un proceso subjetivo, pero que necesita de ciertas condiciones objetivas. Tenía una casa a dónde volver, una familia que me quería aquí, y nada que me atara al lugar donde estaba. También practico una profesión medianamente bien remunerada e independiente, al menos para los estándares de Cuba.

Muchos quieren regresar y no pueden.

Aun así se hacen miles de repatriaciones cada año. Desconozco si se ha hecho pública la cifra. Aunque no todos vienen a echar su vida en Cuba, muchas son una simple recuperación de estatus.

Prácticamente todos mis amigos y conocidos tuvieron palabras positivas y una visión entusiasta por el regreso. Solo uno, ya no recuerdo quién, me preguntó si había vuelto ¨a la libreta¨.

A eso lo redujo todo.

Una vecina, más pragmática, indagó por qué no había esperado el tiempo para hacerme ciudadano de otro país y poder usar ese pasaporte como ella pensaba hacer. Le dije que no lo hice porque eso se paga con años de tu vida.

Fue triste encontrar a tantos amigos desgastándose en obtener una visa, dedicándole horas, días, meses a conseguir viajes. Viendo cómo la forma suprema del éxito el estar permanentemente en víspera de algún fasteo. No importa la obra que se haya hecho, el legado que se va acumulando, el valor de lo que uno realiza. Terminan con más horas de vuelo que currículo.

Les pregunto, como yo mismo me he interrogado: ¿Qué haces, qué creas, a qué dedicas tus mejores años? Porque en el afán, pasaporte en mano, la gente pierde la perspectiva.

Se convierten en ¨viajeros profesionales¨.

Viajar es un acto eminentemente cultural, aunque eso no significa que por más viajes se sea más culto. Pero la obsesión por la acumulación de viajes, más allá de una curiosidad y un disfrute racional, se ha convertido en el más común de los falsos paradigmas de éxito en la sociedad cubana.

Otro tanto ha ocurrido con vivir en el extranjero, con frecuencia un fatuo indicio de bienestar y realización personal: -¿Y fulano? -Ah, de lo más bien, en España. Fin del diálogo.

Sobre los viajes, mis amigos me dicen que las estancias repetitivas fuera, así sean cortas, son como tomar aire. ¨Refrescar¨. Con el día a día que vivimos en Cuba los entiendo perfectamente. Se llega a sentir, digamos, que la única manera de que al entrar a un banco el portero nos dé la bienvenida amablemente es tomando un avión. A veces el ser humano necesita ciertas cosas, como que al pedir un café, venga acompañado de una servilleta de papel o saber que al salir a la calle no será un problema encontrar un baño.

No se puede culpar a una persona por desear eso. Que no quiera escuchar más: ¨Pss, niño¨, o que le respondan: ¨El refresco está caliente¨, o que al entrar a un lugar lo reciban con un: ¨Dígame¨.

Con tal de no escuchar más ese ¨dígame¨ yo sería capaz de cruzar el Estrecho de Bering.

He viajado, lo he disfrutado y estoy seguro de que lo seguiré haciendo. Pero pienso que en el presente de Cuba, para los que están comprometidos con ella, pasar tiempo en el extranjero es como dormir. Es agradable y necesario, pero uno se pierde cosas.

Habría que buscar eso que nos es tan difícil a los cubanos: el equilibrio.

El inicio de este post pertenece a otra idea. Me he sentado a escribir sobre otro tema y he terminado escribiendo sobre mí mismo.

Para contactar con el autor: javiergosanchez09@gmail.com