Crónica a la familia, la escuela y la sociedad

violencia-animalPor: Fidel Corrales Ferro

Anoche, mientras paseaba con mi perra, que por estos días está saliendo de su período de celo, un can enamorado se le acercó animosamente. Se intercambiaban olidas y meneaban sus colas en signo de simpatía, cuando la amorosa escena fue interrumpida por una infante de unos once años que, levantándose del banco en el que escuchaba música con otros niños y niñas del barrio, agarró una piedra enorme y la lanzó al perro (que es suyo) diciéndole:  -¡Perro! ¿Tú también eres Maricón? 

El pobre can, que no tenía idea de lo que le reclamaba la niña, salió corriendo en dirección a su casa. Y yo quedé por unos segundos boquiabierto, considerando la gravedad de aquella tentativa de maltrato animal. Y reaccioné, automáticamente, inquiriendo a la niña con unas duras palabras que fueron dichas en voz baja y con asombro, pero en un modo ligeramente corrosivo: -¿Por qué eres tan desagradable? ¿A ti te gusta que te peguen? 

A la primera pregunta la niña no respondió, quizás intimidada por la sorpresa de mi respuesta áspera. A la segunda, contestó justificando falsamente su actitud: -Sí; y salió caminando detrás de su perro, no sin antes escuchar de boca de uno de sus compañeros de banco: -Eso no es otro perro, esa es una perra. La aclaración hizo girar mi atención inmediatamente a un aspecto del suceso en el que no había reparado: aquella piedra había sido lanzada contra el perro porque, supuestamenteél también era maricón.

Entonces me cuestioné-¿Maricón como quién? ¿… como mi perra? ¿… como yo?  Y aquella pedrada, que afortunadamente no dio en el blanco, me resultó tan lamentable como la primera de mis preguntas.

Para contactar al autor: xaviercu@gmail.com