La revolución y los sillones rotos

mujer_cubanaPor: Javier Gómez Sánchez

Hoy no es el día de la mujer, ni siquiera es el día de las madres, pero quisiera escribir sobre la presencia femenina. También de cómo nos acostumbramos a estudiar en las escuelas solo los grandes acontecimientos históricos reduciendo un proceso tan complejo como la Revolución Cubana a un puñado de eventos como Girón o la Crisis de Octubre y ni siquiera estos son bien entendidos. No es algo privativo de nuestras escuelas, en todos los sistemas de enseñanza, la historia se reduce a un grupo de frases hechas ordenadas cronológicamente.

Ahora que se habla tanto de la inclusión de la mujer, que se hace contabilidad de cuantos miembros femeninos tiene el Buro Político o el Comité Central. Piensa uno en las mujeres, que si no las únicas si fueron las más conocidas en su participación en la Revolución Cubana: Celia Sánchez, Haydee Santamaría, Melba Hernández, Vilma Espín, Pastorita Nuñez, Teté Puebla, Tamara Tania Bunke.

Otras muchas estuvieron ahí de diversas maneras: Asela de los Santos, Elsa Castro, Lidia Doce, Clodomira Acosta, Zoila Ibarra, Elda Pérez , María Antonia Figueroa, Rebeca Chávez, Isabel Rielo, Mirta Rodríguez, Marcia Leiseca, Marta Rojas, Aleida March, Natalia Bolívar…

En su carta a Fidel el Che recuerda ¨cuando nos conocimos en casa de María Antonia¨

Tanto el Movimiento 26 de julio, como el Directorio Revolucionario y el Partido Socialista Popular, tenían participación femenina. Pero esta era limitada por la propia vida que llevaba la mujer de esa época. Las labores conspirativas eran mucho más fáciles para el hombre.

Los hombres trabajaban en la calle, se reunían en un bar a beber, llegaban tarde o pasaban la noche fuera del hogar familiar o matrimonial. Eso formaba parte de lo socialmente aceptado.

Incluso la participación durante el día en reuniones era complicada para las mujeres. Una mujer que anduviera con hombres sin tener un compromiso matrimonial con uno de ellos era vista con cuestionamiento.

Más difícil aún era en las cédulas clandestinas en los pueblos del interior, donde todo el mundo se conocía y se cumplía el dicho: ¨Pueblo chiquito, infierno grande¨.

Una de las propagandas que el régimen batistiano hizo contra los asaltantes del Moncada fue apelar a la mentalidad machista y discriminatoria de la sociedad cubana de la época para mancillar la imagen de las dos únicas mujeres participantes en el asalto.

Los prejuicios estaban tan profundamente arraigados que Silvia Gil, adolescente cuando el Moncada y luego trabajadora de la Casa de Las Américas junto a Haydeé , recuerda lo que pensó cuando escuchó en las noticias que había dos mujeres entre los asaltantes: ¨Deben ser dos prostitutas¨ No se concebía otra manera en que una mujer soltera podía andar lejos de su casa con un grupo de hombres. (1)

Haydee Santamaría decía que de todos los lugares donde se reunían los revolucionarios donde más sentía temor de ser capturada era en los moteles de mala muerte. Esos lugares eran ideales para los contactos cuando los cuadros eran hombre y mujer, pero ella sabía que sería explotado extensamente por la propaganda batistiana.

El machismo también estaba arraigado en las filas revolucionarias.

La propia Haydeé recordaba con frustración su época de combatiente clandestina cada vez que la presentaban a alguien: ¨Yo nunca era Haydeé, siempre era la hermana de Abel o la novia de Boris¨. (2)

En la organización de la caravana de autos que se dirigirían al Cuartel desde la Granja Siboney, Melba y Haydeé fueron peloteadas de un carro a otro, nadie las quería con ellos. Hasta que Fidel Castro logró imponerlas en el último carro.

Celia Sánchez escribió una carta exigiendo ser incluida en el yate Granma. Después de varias evasivas, Frank País terminó por darle la tarea de organizar el recibimiento de la expedición.

Muy pocos saben que Haydeé, con su experiencia del Moncada, logró que Frank cambiara el plan de alzamiento de Santiago incluyendo un esquema de evacuación de todas las fuerzas y evitar así que los revolucionarios se sacrificaran en puntos de la ciudad que se podían volver ratoneras como había pasado con el Hospital Saturnino Lora.

Muchos revolucionarios tenían la intención y convicción de inmolarse, fue ella la que tuvo una visión más lúcida y pragmática de cómo llevar a cabo las acciones revolucionarias. Lamentablemente, por desconocimiento, la mayoría de los cubanos de hoy cree que la participación de estas mujeres en la Revolución se redujo simplemente a ¨estar ahí¨.

El mayor peligro para la existencia del pelotón femenino en la Sierra Maestra no eran las tropas batistianas sino los numerosos capitanes y comandantes rebeldes que consideraban que aquello era un disparate. Otorgar grados a las mujeres no fue costumbre en el Ejército Rebelde. Tal vez no se hizo para evitar exabruptos entre la tropa masculina.

A muchos jóvenes revolucionarios, quienes estaban luchando con mayor o menor conciencia por un cambio social, les era difícil escapar de la dictadura de sus propias familias. Para unos incluso significó una ruptura con ellas. Tomar el camino de la revolución significaba abandonar el ideal burgués del hogar y el matrimonio. Paradójicamente siendo muchos revolucionarios en lo político, no lo eran en otros ámbitos.

El filme Clandestinos lo refleja cuando las mujeres del grupo tienen este diálogo: -¿Yo pensé que tú dormías con Piro? -No, él quiere pero yo no quiero hasta que nos casemos. Yo quiero hacer las cosas como deben ser.

Después del triunfo las responsabilidades otorgadas a las mujeres en la dirección del Gobierno Revolucionario siguieron siendo secundarias hasta muchos años después.

Pero habría que preguntarse: ¿Cuántas mujeres había entre los dirigentes de la Revolución Francesa, de la Revolución de Octubre, de la Revolución China o aquí mismo en la Revolución del 30? La Revolución Cubana comenzó a cambiar el panorama y ya la Revolución Sandinista si tuvo mujeres comandantes.

Personalmente no creo que una mujer sea especialmente mejor o peor que un hombre en labores de dirección u organización. Trato de pensar siempre en las personas como tales más allá de su sexo, así como de su raza, algo para lo que todavía lucho contra los prejuicios que me han sido legados.

Pienso que una mujer puede hacer las cosas tan bien o tal mal como un hombre. Que puede ser igual de eficiente y de honesta como tan inepta o corrupta como un hombre. He trabajado en lugares dirigidos por mujeres que han funcionado muy bien y en otros que han funcionado muy mal. En la misma proporción que si hubiesen estado dirigidos por hombres.

Las miserias y los errores humanos son universales. La virtud también.

En definitiva, estoy escribiendo esto un Día de los Padres.

(1) Haydeé Santamaría. Cuban Revoluctionary. She led by trasgression. Margaret Randall. Duke University Press. 2015

(2) Boris Luis Santa Coloma. Asaltante al Cuartel Moncada. Participó en la ocupación del Hospital Saturnino Lora. Fue torturado y asesinado junto a Abel Santamaría.

Para contactar al autor: javiergosanchez09@gmail.com